Me sorpendí pensándote más allá de la cortina de situaciones que nos reunían, me vi buscando en el cajón aquellas fotos viejas y en el fichero tus libros con sus grandes autores estrellas. Dejó de ser relevante el anochecer si tú no estabas y me desviví por horas esperando tu retorno a través del mar de ideas. No apareciste esa noche, ni la siguiente, ni la noche siguiente a esa. Desapareciste como quien es absorbido por el océano de polvo en una tormenta de arena y así, tal cual, te fuiste sin decir adiós como quien muere súbitamente.
Akaimura.




















