El beso duró lo que pareció un siglo, los labios chocaban entre sí al tiempo que se llamaban anhelantes, fue este el testigo de dos almas deseando volverse una, el fruto del deseo de esos cuerpos que se tornaron una constelación de sensaciones por un efímero momento. Cuando hubo terminado la guerra del amor en la habitación de los secretos confesó él lo inconfesable. La abrazó a su cuerpo y con la voz tambaleante, la mirada destellante a punto de reventar en agua salina, musitó mirando a una nada inconcreta —Creo que te amo...—, un silencio sutil dividió las inesperadas frases, parecía que estaba por quebrarse, tornó la mirada y con sus ojos viendo a los de ella confesó ahora con certeza —Te amo... Y lo hago responsablemente— reafirmó. Un silencio rotundo inundó la habitación, ella mirando hacia algún lado que no eran los ojos de él, la verdad que había presenciado había cortado todo pensamiento en su mente, se preguntó entonces y declaró después de pasados unos silenciosos segundos —¿Se puede amar a alguien en tan poco tiempo?—, la incertidumbre le carcomía el pensamiento, lograba reconocer lo inaudito, él había logrado hacerse pasar por caballo de Troya y había penetrado a lo profundo de su ser, ahora al pensar en cuánto había cambiado por aquel que rodaba su cintura con sus brazos llegaba a considerar la respuesta a su propia pregunta; —Sí—, respondió él con la mirada puesta en ella y se delató a sí mismo mencionando todo lo que deseaba realizar con el amor que le tenía, sus dulces palabras hicieron eco en la mente cada vez más confusa de la chica. En ella cruzaron un sin fin de ideas pero sobre todo se preguntó ¿cómo era posible que alguien tan perfecto llegase a su vida en tan poco tiempo?, no lograba concebir que alguien derribase sus murallas en tiempo récord; pensó un poco en no apresurarse, había tenido antes el deseo de confesar lo inconfesable pero era pronto para decir lo que según los ojos de él solo eran palabras comerciales para ella, se detuvo un momento y mientras las respiraciones mantenían su tenue ritmo le pidió tiempo para poder decir la tan esperada frase, él con un abrazo y su rostro sumergido en su pecho aceptó sin titubear, ese instante fue vital pues fue entonces cuando ella supo que estaba con el hombre correcto, alguien a quien podría amar en la medida de sus capacidades, alguien que no exigiría más de lo que ella podía darle, sonrió para sí misma y retornó el abrazo cálidamente, sentía que le quería, aún a pesar de su inseguridad estaba dispuesta a amarle.