Yes, I wrote my History IA on unicorns and Christian symbolism. Yes, I'm writing my HL English Essay on religious themes in Frankenstein. Yes, I'm so fucking original and unique 😻😻😻
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Yes, I wrote my History IA on unicorns and Christian symbolism. Yes, I'm writing my HL English Essay on religious themes in Frankenstein. Yes, I'm so fucking original and unique 😻😻😻
Opened my unfinished paper, got to citations - and ended up finding a mention of the author whose name I couldn’t quite remember, and whose work I never managed to write down in bibliography.
Got to google, to every academical cite, scanned every article and book I’ve downloaded to find even a mention. Nothing. But it was ME who wrote the citation. I’ve never used AI and shit like that. So what the fuck is this. WHO’S THAT. WHO IS THAT!!!!!! WHERE DID I’VE FOUND THE GUY GOD DAMMIT
This pic is me for the past few hours
i miss reading books and having thoughts about them
When you open a book for and not only proves your hypothesis, but also it's even more unhinged.
Love my job
How much do we really need to know about an author? How much do we want to know?
As the original On the Road scroll heads to auction, a new exhibition uncovers the private life of the Beat legend
How an ancient myth about a sexually voracious, baby-slaying, loudmouthed demoness became the defining misogynistic archetype of Western civ
Ohhhhhhh, this looks GOOD!! I'm going to read the fuck out of this book when it comes out!
in another life...
so sad I am not at university anymore, I would analyze the heck out of the phenomenon that is Heated Rivalry.
In this life, tumblr is all I have 😆
Palabras al aire
I
Si el agua es el elemento primordial (de los sueños, de la vida, de la muerte, de la noche, del conjuro) y el fuego es el elemento de la acción imaginativa (del pensamiento, de la voluntad, de la destreza, de la sabiduría, de la contemplación), me preguntó qué será el aire: ¿el movimiento, la libertad, el vértigo, el silencio, el vacío? Al menos esto intuyo a partir de los poemas de Alejandra Pizarnik y Louise Glück. Apenas estoy empezando el libro de El aire y los sueños: Ensayo sobre la imaginación del movimiento de Bachelard, pero veo que mis pensamientos no se alejan de su propuesta.
Pizarnik constantemente habla de los pájaros, las jaulas, los suspiros, los lamentos, del viaje. Abro su Poesía completa y leo (tendrán que confiar en que esto hice y que no seleccioné de antemano este poema): “3” sólo la sed/ el silencio/ ningún encuentro // cuídate de mí amor mío/ cuídate de la silenciosa en el desierto/ de la viajera con el vaso vacío/ y de la sombra de su sombra”. Es de su libro Árbol de Diana. Qué frialdad hay en estos versos, transmitida pienso yo con el uso de la “s”, las vocales débiles y la “v”. Como un susurro confiado a una hora pálida. Imágenes incoloras como el desierto, el vaso vacío, la sombra.
Otro. “Adioses de Verano”: “Suave rumor de la maleza creciendo. Sonidos de lo que destruye el viento. Llegan a mí como si yo fuera el corazón de lo que existe. Quisiera estar muerta y entrar también yo en un corazón ajeno”. Empieza gentil y va tomando fuerza con cada palabra. Como una tormenta o una ola de mar rompiendo en la arena. Habla de la percepción, algo tan íntimo y cercano, que apunta a algo incomprensible e inaccesible. Algo imposible. Me parece curiosa la repetición del “yo” tan cerca de “el corazón”. De nuevo vemos un anhelo de movimiento y de gesto, de cambiar, de traslado. Pero el rumbo es hacia un destino velado, incierto, ajeno.
Uno más. “La celeste silenciosa al borde del pantano”: “Cerraron el rostro que fue idéntico al más alto sueño de la augusta infancia y pájaros temerosos en despliegue rapidísimo de plumas negras hicieron el paisaje perfecto del terror. Soy tu silencio, tu tragedia, tu veladora. Puesto que sólo soy noche, puesto que toda noche de mi vida es tuya”. Me hipnotiza y me seduce. Sus palabras dejan en mí un eco de algo más grande. ¿Quiénes cerraron el rostro? ¿Porqué la huida de los pájaros hace un paisaje a temer? ¿A quién pertenece la persona poética? El anhelo sigue presente, la ausencia sigue presente. Hay un escalofrío, tal vez en el “más alto sueño”, en “sólo soy noche”. Hay soledad, infranqueable distancia.
Cuando leo a Pizarnik me siento descubierta, despojada. Su mirada, su deseo, me hunde los dedos en la piel. Hay una precisión dulce de la tristeza. Una vulnerabilidad incómoda. Una huida, pero también una vigilia. Es una voz poética que nos observa de lejos, pero nos ata y nos clava en el aire. Me invita a arrastrarme hacia ella. Me llama. Me recuesta. Me inhala.
Glück es diferente. El iris silvestre (también traducido como El iris salvaje, y la elección de un adjetivo por otro es interesante) es un libro de jardín, pero las palabras son la fragancia fresca, penetrante, húmeda, oscura de la tierra. Copio medio poema aquí, “Cosecha”: “Me duele pensaros en pasado…/ ¿No os veis? Ciegamente aferrados a la tierra/ como si fuera el viñedo de los cielos/ mientras los campos arden a vuestro alrededor… // Ah, pequeñuelos, qué poco sutiles sois:/ es ese al mismo tiempo el don y la tortura.”
Son poemas dialogales, cargados de recuerdo y anhelo. De pasado. “La puerta”: “Quería quedarme como estaba/ inmóvil como no lo está nunca el mundo,/ no en el pleno verano sino en el instante previo/ a que se forme la primera flor, el instante/ en que aún no ha pasado// (no en pleno verano, el embriagador,/ sino a finales de primavera, con la hierba que aún no/ está alta en los lindes del jardín, con los primeros tulipanes/ que empiezan a abrirse)”. Hay una oscuridad interior, una negación de algo. Porque la luz sería claridad y entendimiento, carente aquí. Son suspiros evocados por una tierra que sueña.
“Gloria de la mañana”: “Cuál sería mi crimen en otra vida, dado que en esta vida mi crimen/ es la tristeza, para que no se me permita/ ascender nunca más,/ nunca en ningún sentido/ se me permita repetir mi vida,/ enrollada en el espino, con toda/ belleza terrenal como castigo/ de igual forma que lo es para ti…/”. Es un poco complicado explicar porqué estos versos me evocan perfumes; son las referencias a las flores, por supuesto, pero hay algo más impreciso que genera ese efecto. El perfume es una esencia (presencia) invisible, sensible, por lo tanto provocadora. Decir que los olores se dividen en dos (agradables o repulsivos) sería limitante, los hay nostálgicos, energizantes, calmantes, dulces, siniestros, alarmantes. Los poemas de Glück me parecen melancólicos como lo es el relente, solitario en medio de árboles fragantes y, también, enfermos. Cuando lea el libro de Bachelard sé que me harán sentido muchas cosas (pero, ay, es un texto difícil de conseguir en formato físico).
Tal vez no sean poetas tan similares o contrastantes entre ellas. Tanto Pizarnik como Glück son hechiceras de aspectos distintos de una misma cosa: el arrepentimiento, lo efímero, lo bello, el corazón, la tristeza. Sí una es luminosa, pálida, en su oscuridad, la otra es densa, rendida. Ambas evocan pensar en lo interior, en lo velado, en lo que susurramos al espejo con fervor y miedo. Hay timidez, mirada, expectativa y decepción. Me parece que tal ejercicio de vulnerabilidad apunta hacia algo honesto e íntimo, ¿no creen? Creo que va más allá de la típica poesía confesional. Reta la noción de voz poética, de personas poéticas que, al final, nos confrontan y que, también, nos orillan a confrontarnos a nosotras mismas. Algo así intuyo.
II
Creo que he llegado a entender mejor la poesía este año que acaba de terminar. Cuando estudié la licenciatura no fue así; se hablaba de los poetas como encendidos y/o concedidos de un aura o una percepción singular, distinta, mientras que lxs narradores éramos más “prácticos”, “estructurados”, “dinámicos” o tal vez “ordinarios”. Es decir que cada persona tiene una intuición para alguno de los géneros literarios que era inherente, inamovible y asignada. Yo no era particularmente buena para ningún género porque el cuento siempre se me extendía y se me perdía, indefinido, en mundos imprecisos e indefinidos (“esto es novela” me decían, sin poder explicar del todo la diferencia transición entre uno u otro), y el teatro era pura conversación sin acción (sin drama) y la poesía era, bueno, inaprehensible e inalcanzable. No entendía los juegos de signos, no rozaba con la yema de mis dedos la belleza de los significados ni conjuraba el paisaje del sentido.
(Signo-significado-sentido. Los tres niveles de la semiótica.)
Y me temo que, al ser de una limitada, y a veces hasta fracasada, mente narrativa, la poesía era una ninfa huidiza en el agua, hermosa de vislumbrar, pero temerosa de mis pasos torpes y ruidosos.
Fue muchos años después, en la maestría, que una maestra nos forjó a la lectura analítica, minuciosa, cuidadosa, de la poesía. Y empecé a entender. Los patrones de los ruidos que corresponden a las acepciones de las palabras y se traza, así, una constelación de lenguaje y sentido. Un hechizo en el aire. Así empezó la desacralización de la poesía y pude ver a través de su niebla de incienso.
Hubo un tiempo en que narrativa, música y poesía eran una misma cosa.
Todo este pasaje de conmiseración es para mostrar cómo los oficios literarios son construidos a partir de mitos, emociones y perfiles sociales que terminan excluyendo y demarcando el hacer: el poeta maldito, cuya frente se alza, afiebrada, hacia la noche y escribe poseso; el narrador de ciencia ficción, absorto en descubrimientos tecnológicos y héroes del espacio, indiferente al canon académico y los perfumes de Ofelia o Beatriz; el novelista posmoderno, ecléctico, urbano, irreverente, que gusta emplear un lenguaje soez para escandalizar a las señoras de la iglesia. Recuerden que conmigo el uso del masculino no es neutro: las poetas perdidas en el exilio de la ingenuidad y la banalidad y vanidad; las novelistas crudas que inauguran géneros sin ser reconocidas; las cronistas observadoras, la mirada consciente, que arriesgan su vida para decir tanto.
Al estudiar un poco más, un poco mejor, la teoría literaria pude adentrarme en cualquier género desde la fascinación, el aprecio, el agradecimiento, el encanto y, sí, la destreza crítica. Me molesta recordar: qué diferente hubiera sido para nosotrxs que nos enseñaran que toda literatura tiene como punto de partida el lenguaje, que las distinciones de género son analíticas pero no esenciales, que la creación es oficio y no un alma exhalada por un dios misterioso, mudo y sonriente. La única teleología válida para mí, por el momento, es esta: la literatura existe en la voluntad de celebrar, apreciar, conocer, cambiar, desmantelar, comprender, disfrutar, exterminar la realidad (¿Captamos el guiño nietzscheano?). Nada de musas que nos rechazan porque su enamoramiento rehúye de nosotras, y elige a otras. Nada de espíritus que nos besan en el sueño.
Ya lo decía Pizarnik en “Nombres y figuras”: Lo que quiero es honrar a la poseedora de mi sombra: la que sustrae de la nada nombres y figuras.” En este verso se resume el hacer literario y éste no es exclusivo ni privilegio de nadie, ni de un género sobre otro. Además, qué maestría para resumir en un solo verso lo que Heiddeger tardó páginas y páginas de complejos laberintos verbales en “¿Y para qué poetas?”.
He escuchado mucha renuencia e intimidación a la lectura de la poesía. Al no ser hábito más que de unos cuantos (“señalados”, “escogidos”, “iluminados”), buena parte de la gente piensa que la poesía es algo polvoso e intocable que sólo puede admirarse desde lejos, detrás de un vitral mancillado por la cera de las velas y la humedad de los años. Sor Juana es una figura que ni siquiera pertenece a nuestras abuelas, sino a las suyas y se pierde así su vitalidad, su ingenio, su humor y su erotismo. Lo único que se puede hacer, que yo puedo hacer, es decir que se debe leer poesía con curiosidad y afecto por las palabras. No se necesita más que eso para empezar, continuar y terminar. No hay más fondo que ese. No hay oscuridad más acogedora que esa.