Oye, Carmelo... Te mandé mi número con una paloma mensajera: "Para Carmelo." háblame y nos tomamos una cerveza en una cantina. No te prometo nada, pero estoy cansada de cerrar ventanas que muestran paisajes llenos de aventura y que pueden convertirse en puertas.
Oye, Carmelo... Ni tú ni yo merecemos este miedo que me da expandirme la libertad, te prometo que antes no era tan difícil, antes, cuando alguien más era cómplice y testigo. Ahora que mi hogar se limitó a ser un saco en la espalda, tengo que aprender a desprenderme de lo prescindible.
Oye, Carmelo... Siento la necesidad de darte estas explicaciones porque tapé tu valentía con pretextos y al final todo pareció un juego de niña caprichosa. No fue caso de serendipia que estuvieras bailando I'm Still In Love de Sean Paul al lado mío y te incitara a bailar, fue consecuencia de mi decisión, de mi arrebato inconsciente por lanzarme al viento.
Oye, Carmelo... Ya sé que te llamas Carlos, pero para mí vas a ser siempre Carmelo.











