Yo sé hacer magia. Mi truco más famoso es decirle a mi alma que le diga un secreto a la tuya, y conseguir que me responda. Vivo para eso, para desafiar mi capacidad de siempre encontrarte.
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Yo sé hacer magia. Mi truco más famoso es decirle a mi alma que le diga un secreto a la tuya, y conseguir que me responda. Vivo para eso, para desafiar mi capacidad de siempre encontrarte.
La comida de microondas no sabe bien.
Una serie de instantes eternos que no se van sin dejar bien regada la tierra de mi ahora fértil corazón y que no dejan que se seque nunca, nunca. Crecen muchas flores con las que hago ramitos para ti, y también hierba pero se arranca de raíz y ya está, además hay unas bonitas que no me importa conservar. No le des tan rápido al carrete, que no me dejas ver lo importante, vámonos lento, saboreemos la vida, no comamos de prisa porque nos quema, nos ampolla, nos lastima. ¿quieres más? Te sirvo otra vez. Quédate a la sobremesa, te sirvo un digestivo, te prendo un cigarrillo, no hay más ni menos tiempo del que tenemos ahora, ¿te das cuenta?
Los corazones negros nacen en el borde de un vaso que siempre se derrama pero nunca se vacía.
Moho-crocante
Soy
Alguna vez leí que nacemos en un momento dado, en un lugar determinado, y que como el vino, tenemos las cualidades del año y la temporada en que nacimos. Yo soy una cabra en la tierra de Saturno, en invierno a la una y cuarto de la madrugada de 1992. Maya Angelou dice que somos la suma de todo lo que hemos visto, escuchado, comido, olido; lo que nos han dicho y lo que hemos olvidado. Soy Volleyball bajo el sol, “Jack” versus Tyler en el club de la pelea, Un té verde con menta, Los pies descalzos en una lluvia de ciudad, Leonora Carrington huyendo de su lujosa vida de castillo, Un plato de gazpacho, El ardor del mezcal en mi garganta... Cuando intenté quitarme las máscaras para reconocerme, me di cuenta de la colección de paradojas: que soy la introversión disfrazada de extroversión, la facilidad de escuchar y la dificultad de hablar, la alegría de la melancolía, la superflua mentira comprensible y la profunda verdad incomprensible. La claustrofobia de las paredes de mi burbuja me provocó ganas de tronarla y empecé a caer sin paracaídas, un rato en caída libre y cuando el abismo de mi interior se apoderó de mi última luz empecé a caminar a ciegas pero con el corazón atento... Entonces percibí unos brillos que llamaron mi atención, me acerqué a uno y descubrí que yo brillaba también, todos nos acercábamos al mismo tiempo, y mientras lo hacíamos entendí que ellos también estaban en la obscuridad y lo que brillaba eran nuestras almas emanando verdad. Compartí mi color y tomé otros que me completaban, y cuando tuve suficientes pude ver el horizonte, ya no había más obscuridad.
Sólo se aceptan orquídeas.
Tengo frío. Estoy afuera de tu invernadero, veo cómo cuidas con mucho esmero un montón de las orquídeas más exóticas.
Me ves desde adentro. No me quieres abrir, por lo menos no para que entre; sólo arrojas un abrigo y un poco de comida para que no me muera de hambre.
Los días pasan y a veces voy a verte mientras dejo mi invernadero a cargo de alguien más; a veces me regalan plantas nuevas, otras veces hacemos trueques, otras sólo converso con los que pasan a visitarme y me ayudan a quitar la nieve de alrededor.
Contigo las cosas igual. Las mismas plantas de siempre, la nieve casi tapa tu invernadero; de vez en cuando paso y quito un poco, pero sé que es inútil. No puedo quitarla toda sola y tú te niegas a salir.
Intenté regalarte otras flores; no tardaste mucho en descubrir que no eran las que te gustan y las rechazaste, las aventaste contra mí abollando mi espíritu…
A veces me pregunto si eres consciente de lo diferente que sería si me dejaras ayudarte; no tendrías que preocuparte por tantas orquídeas, tendrías más tiempo para ti y la pasaríamos bien. Incluso aprenderías a aceptar mis flores… No logro entender por qué te gusta que te observe desde afuera.
Con el tiempo me cansé de llevarte regalos. Y confieso que me dieron ganas de no quitar la nieve más. Pero hay algo dentro de mí que me impide dejar que te cubras y te pierdas en la nieve; que te olviden, que te olvides… Entonces voy. Voy y te quito poquita nieve, como queriéndote decir que no estás solo, esperando que un buen día decidas dejarme entrar.
Estamos conectados porque eres la obscuridad mía que no estoy lista para iluminar. Somos dos caras de luna que nunca se han visto.
moho-crocante
Sempervivum
No tengas miedo de dejar que tu corazón florezca. No tengas miedo de escarbar profundo y plantarte, de regarte con tus lágrimas hasta brotar a la superficie. De que te acaricie el Sol y de bailar con el viento. De que te abracen las mariposas y las abejas te besen. De ser el color y la vida del paisaje.
Por favor no tengas miedo de ser arrancado de la tierra y ser entregado a alguien, Porque aun lo efímero puede ser inmarcesible.
¿Destino o condena?
No sé si eres mi antítesis, mi yo del futuro o ese efecto de repetición infinita que producen los espejos cuando están frente a frente. Que te subestimo. No, ellos me subestiman a mí. Que nadie sabe interpretarte. No, nadie sabe interpretarme a mí. Que no causas tal intriga en la gente. No, yo soy la que no causa esa intriga en la gente.
No me robes mis razones ocultas, mi zona de confort; no me robes la identidad con esa cáscara tan contraria y distinta, tú no puedes ser yo. Nunca podrías. Yo sí podría ser tú, y eso me asusta. ¿Cuándo fue que te perdiste? ¿o es que nunca te diste cuenta hasta que quisiste encontrarte? ¿crees que es demasiado tarde? ¿te sirve que sea demasiado tarde? ¿es tu razón oculta? ¿es tu zona de confort?