Ella viaja una vez más al destino cotidiano. En tren o en bús, no da lo mismo; ella prefiere viajar en tren. Es más pausado en su interior, es un reflejo de las personas que van de aquí para allá con prisas, pero que por dentro son otro mundo.
Ella quiere serenidad en su interior. Sabe que hay un hueco en el corazón donde refugiarse. Pero un muro, un extraño muro que ella no recuerda haber levantado, se entromete. Día a día lo va picando, va rascando aunque sea con las uñas para poder derribarlo.
Ella sueña despierta con un posible. Sabe que logrará regresar a la serenidad. Mientras pica, rasca y golpea, grita y maldice al muro, saca fuerzas recordando a quienes le rodean y acompañan en el trayecto de la vida. Obtiene energía de los gracias y sonrisas que recibe. Se anima al sentir las manos que la apoyan, agarran las suyas o acarician su rostro.
Sabe que no está sola, aunque su mente insista en lo contrario.
Sabe que la quieren, y eso añade un poco más de victoria a la vida.
Acumula pequeños momentos, detalles, y sabe que un día finalmente el muro se derrumbará.
Ella sonríe. Nunca dejes de hacerlo.