–Hola, soy Mónica y acabo de cumplir treinta.
–Bienvenida, Mónica. –Aplausos. Miradas de comprensión. Gestos de ánimo. Un “pos ya verás…”
Oh, sí, acabo de pasar de dígito en la decena. Del dos al tres. De joven y universitaria a adulta, trabajadora y familiar. ¿Eres tú familiar? Porque lo que es yo… Y claro, cumple tú los treinta sin novio, sin ganas de novio, sin niños, sin ganas de niños y aguanta tú a la vecina con su “¡Niña, que se te pasa el arroz!”. Señora, que es Brillante, rediós.
Y es que esa expresión es universal. La vas a encontrar en todos los lugares y te la van a soltar variopintos personajes. Y, ojo, que tu cara tiene que guardar siempre la compostura que tu interior no está guardando, porque ganas no te van a faltar de montar un cirio de cuidado; pero no, tú aguanta estoicamente, planta tu mejor expresión de ay, qué razón tienes y contesta con tu mejor “no hay prisa”.
Ese es el momento en el vas a oír el infame “ya te llegará…” Que dices tú ¡qué coño “ya me llegará”! Que yo estoy muy bien como estoy, señora. Pero la señora no está sola… Está el amigo tocapelotas, y la amiga divorciada de tu madre, Yorkshire en mano, con su “bonita, que te lo comes tó…”, y tus amigas que cuando se te acerca un chico a decirte “oye, mira, que tienes un chicle pegado en el culo” ya intentan casarte con él… Es el complot padre. Llegas a la edad en la que todo van a ser pequeñas batallas para guardar tu dignidad.
Pues yo he decidido que me planto, sí, señor. Que cumplir los treinta y darme cuenta de que estoy ya más cerca de los cuarenta que de los veinte es suficientemente traumático en si mismo, como para andar preocupándome por el arroz. A mí el arroz en paella y punto.
¿Que he cumplido treinta? Correcto. ¿Que he llegado a la edad a la que los futbolistas ya son veteranos y “están acabados”? Ay, cielos… Pero a mí no me tiene preocupada no tener novio, ni no querer niños. A mí me tiene preocupada el que con treinta tengo un trabajo precario de subcontratada, vivo con mi madre y estoy pagando un coche a plazos. Que yo a los diecisiete estaba convencida de que a los treinta sería independiente, ejecutiva y superfashion… ¡Ja!
¡Ja!
En fin, que he decidido que mejor abro un blog (porque darme a la bebida es un coñazo, para qué mentir). A falta de independencia y buen salario, era lo único gratis y suficientemente público como para quedarme con la sensación de reivindicarme a mí misma. O la Mónica que yo creía que sería a los treinta cuando tenía diecisiete, vete tú a saber.
Otra razón es que “ay, niña, con lo bien que escribes tú…” Que es la versión de mi madre de los cincuenta besos por segundo de vieja de parque.
Pero ya en serio: historias no me faltan. Y como estoy con la crisis de los treinta, pues voy a compartirlas con quien quiera leerlas, que las penas se superan mejor en compañía, ¿no?
Cosas que pasan cuando tienes cebollines, tocino, pimentones, champiñones, huevos...y el secreto de la casa. #santuariodelanaturaleza #arrayan #asadogourmet #lostreinta #tiquitiquiti #pre18 (en Santuario de la Naturaleza)