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E bravo Garrone... Dogman, di Matteo Garrone (2018)
“I never wanted fame. I just became a Kennedy.” Jackie, Pablo Larraín.
Empecemos desde lo más importante: es cierto que Emma Stone e Isabelle Huppert ofrecieron actuaciones espléndidas, tanto que a primera se llevó la aclamada estatuilla de la Academia. Pero Natalie Portman hizo el trabajo actoral más riguroso, disciplinado y deslumbrante de esta temporada. Sin embargo, trataré de ser objetivo y no desplegar mi fanatismo (bien merecido) por Portman.
Pese a lo esperado, Jackie no es una película que trata del crimen más espectacular del siglo XX: Jhon F. Kennedy. Tampoco trata de escudriñar cómo la controversial Jackeline se convierte en uno de los más representativos íconos de moda de los sesenta. Trata de un mundo psíquico inquietante, aunque no deja de ser poco profundo como parecía ser ella, de Jackie. Su catarsis. Una mujer con la mesura necesaria para el ejercicio político, pero eclipsada por la imagen masculina, como debía ser en la época. La pequeña etapa de su vida que transformó la historia de la mujer americana.
No esperes encontrar una película biográfica, con los flashback característicos de las reseñas biográficas de la infancia o los eventos emocionales que durante su juventud marcaron su destino. Tampoco su buen gusto por la industria textil o de modas. La historia de Pablo Larraín (conocido por la nominada al Óscar en 2013, “No”) versa del universo psicológico de una mujer que mediante la decoración de la Oficina Oval de la Casa Blanca o bajo el amparo de su exquisito gusto por la moda y la estética artística, tuvo la capacidad de doblegar muchas estrategias políticas. El realce de esta afirmación se basa en como manejó los actos fúnebres de su esposo.
Una narrativa interesante: no está dividida en tiempos, sino que regresa una y otra vez entre el antes, durante y después del asesinato de JFK. De igual forma Pablo maneja la tragedia emocional no solo con un guión bien dosificado, sino con primerísimos primer planos que invitan a la reflexión intimista de lo que sucede. Y no solo va del duelo, sino también del desprecio de una figura política ingrata: “la esposa del presidente”; mujeres que sin su marido no son absolutamente nadie y quienes son socavadas a posteriori.
Si el interés es ver un film de una mujer abnegada, frágil y gentil, es mejor no generar esas expectativas. Es normal la crítica acuciosa de la historia: todos necesitamos historias reveladoras, finales felices y desenlaces oportunos. Pero Jackie no ansía eso. Lo que busca es entender un complejo mundo emocional, que Natalie absorbe a plenitud.
Me pregunto cómo hubiese sido el proyecto a manos de Darren Aronofsky (quién fue el primer director propuesto para la película). Sin embargo, Larraín es una de las promesas jóvenes del cine sin desperdicios. Una película áspera.
Le train sifflera trois fois, en silence.