[taito] Crónicas de un noviazgo
Sinopsis: Se supone que son mejores amigos, los mejores, y por ello no deberían guardarse secretos. Muchos menos sentimientos. Si la madurez de los años intervenía, podría hasta considerarse normal sus emociones.
Link: Crónicas de un noviazgo.
Capítulo 3:
Para nada convencido, fue así como se mezcló con esas telarañas de burocracia tecnológica —pese a que había convivido con ella desde la infancia— las actuales nunca terminaría de entenderlas o atarle sus cabos. Hikari se encargó de crearle las respectivas cuentas, Takeru en hacerle la publicidad al as delantero que estaba en las líneas que representaría al país, lo que trajo en un par de días una lluvia de seguidores apoyándolo con gran efervescencia.
La trampa para el ratón fue una idea casi maléfica de Takeru, publicando una foto en la que Yamato, ajado en altas dosificaciones de alcohol pululando en su sangre, había recostado la cabeza en su hombro tomando su mano y Taichi riéndose, guiñándole el ojo a la cámara.
Escribieron algo estúpidamente cursi como: “Siempre mi hombro estará para ti”, o algo así recitaba esa línea que no terminó de leer porque si lo hacía mandaría ese plan a la mierda. Y, para concluir, la cereza bien presentada para el pastel, coronaron la publicación etiquetando la cuenta verificada de Matt Ishida que más tarde la comentó con altos vocabularios no aptos para menores, amenazas entusiastas que los mataría cuando los viera y que torcería el pescuezo a Taichi por seguir esa jugarreta.
Taichi había salido al día siguiente a una presentación del equipo; una entrevista con algunos patrocinadores que fue del todo aburrida y que acabó saliéndose de la sala para patear el balón en la cancha para aplacar la ansiedad de lo que embrujaba su mente. Eso trajo ciertas reprimendas por su entrenador, pero también, algunas ganancias. Los gerentes que habían visto por la ventana su viva juventud y maestría que corría por sus tobillos, alegaron que, en caso de aceptarlos, él debía estar en la primera línea de la lista.
Fueron las buenas noticias que pintaron su día, hasta que llegó a su casa y toparse con un escenario que fue capaz de hacerle soltar un grito que, en su creencia devota, Dios podría haber escuchado. Todo empezó, grave error de su parte, olvidando su teléfono en casa que conllevó a que el terror de su hermana con su secuaz Takeru, hicieran estragos con el aparato y todo con la banal excusa que el plan funcionaba.
Lo que trajo un decorativo declive, fue leer todo el show que formaron por su red social. ¿Y le preguntaban por qué las odiaba?
En twitter, haciendo recordatorio de la anterior publicación, desató una serie de comentarios que multiplicaron sus seguidores cuando, en la respuesta a Yamato, los hermanos menores decidieron contratar:
>Sí, sí, yo también quiero verte, Matt. Y también te amo. (heart) (heart)
Él lo diría claro, en forma de burla, obviamente. ¡Y en la privacidad de su cuarto, llenando a Yamato de gemidos! Los golpearía sino fuera obrado de cabecilla su hermanita.
Y suponía que eso despertó llamas en el post, de personas que se reían y los apoyaban, otras que no creían que Matt fuese gay, pero que ya existían rumores que era bisexual.
>Cállate, cuando te vea te golpearé, Taichi. ¿Desde cuándo tienes usas esto?
>Yo sé que quieres verme, amor, han sido muchos meses sin estar juntos. Y todo lo hago por ti.
>Takeru, Hikari, o los dos, denle el maldito teléfono a Taichi. Y dejen de joder.
Eventualmente, con un cielo ensombrecido e iluminado por estrellas, Yamato lo había llamado enfurecido en dejar su móvil a merced de los dos diablillos que tenían como hermanitos.
—¡Tenía prisa! ¡¿Qué querías que hiciera?!
—No sé, ¿devolverte? —replicaba Yamato detrás de la línea—. Darte cuenta que no contabas con algo inteligente en tus bolsillos, porque es obvio que tu cerebro no lo es.
—¡Oye! —exclamó, luego tras una pausa, añadió—: ¿Y cómo supiste que eran ellos y no yo, de cualquier forma?
—Primero, tú no me dices “amor”, te mataría por ello. Y dos, eres el único que me sigue diciendo Yamato. —dijo y aunque no podía verlo, podía adivinar una petulante sonrisa trazándose en aquellos finos labios.
Sonrió.
—Me gusta tu nombre, no necesito acortar algo que me gusta.
Se extendió un silencio tenue, y él no lo interrumpió. La brisa de la noche acariciaba el balcón y el mundo de las calles se dibujaba bajo sus pies. Estelas, auto, personas, un hermoso real que, pese a sus hilos de asfixia, le gustaba vivir en él.
—No lo dejes. —dijo Yamato al fin, como si las palabras pesaran en su boca.
—¿Qué cosa?
—Mi nombre de pila, idiota. Concéntrate —respondió—. Es lo único que me devuelve a casa. No te perdonaré si una vez me llamas con esa indiferencia que siento cuando me llaman “Matt”.
Silenciosamente, eso fue promesa.









