Banquete perfecto
—¡Ey! ¿qué crees que es esto? —digo indignado llamando al camarero.
—Disculpe señor ¿Cuál es el problema? —responde como estúpido cuando llega.
—Esto —señalo mi café.
—¿Tiene algo raro su café señor?
—¡¿Eres imbécil acaso?! ¡mira bien! la taza tiene una trizadura en el borde. Una que claramente lleva días o quizás años así! ¿es que acaso me quieren envenenar? ¿sabes todos los gérmenes que se acumulan en esos lugares? ¡Cambiame la taza ahora mismo! o mejor, llevatela. Me voy. Seguro que si tienen una taza así la cocina estará aún peor. ¡No pienso comer nunca más aquí! —finalizo indignado mientras me levanto para irme.
—¡Espere señor! ¿no piensa pagar por el café?
Me detengo. Realmente es un incompetente ¿es verdad lo que acaba de decir?
—¿Qué dijiste? —mi voz es suave, cargada de tensión— ¿En serio vas a cobrarme por un intento de envenenamiento? atrévete y verás como denuncio las lamentables condiciones de tu sucucho.
Se queda callado. Bien, creo que entendió mínimamente su pecado.
Por fin me retiro de esa pesadilla de lugar, limpiando mis manos con el alcohol gel que siempre llevo conmigo. No sea que me enferme por haber tocado esa taza.
Cuando llego a mi casa, me retiro toda la ropa en la entrada, dejándola en una bolsa previamente colocada con ese objetivo. Más tarde le haré sanitización, como siempre.
Me doy una buena ducha, con agua lo suficientemente caliente y bastante jabón antiséptico.
Es la última vez que le hago caso a la doctora de acercarme a lugares así. Debe estar loca también, debería cambiar de profesional.
Además…
Puede que hoy sea el mejor día de mi vida. Nada de esto debería contaminar mi humor.
Lucero… esa hermosa chica que conocí en redes ¡Me ha invitado a cenar!
—Calma Elían, calma, no debes mostrarte tan emocionado. —me digo a mí mismo. Necesito mostrar mi mejor cara a esta dulce mujer.
Lucero… tan perfecta… y no solo eso, es lo suficientemente inteligente como para notar mi verdadero valor.
Normalmente no socializo casi con nadie, al contrario, suelen mirarme raro. Gente que les gusta revolcarse en la inmundicia y consumir mierda pura. Comida llena de gérmenes, alcohol, drogas, y quizás qué más.
Que se jodan. Ellos son los estúpidos y engreídos que se envenenan a sí mismos en su enorme ego y necesidades de meterse inmundicias a la fuerza.
Gente de mierda que no es capaz de ver lo que consume y lo defiende a punta de espada contra cualquiera que no piense como ellos.
¡Unos verdaderos narcisistas! que se juntan en sus fiestas llenas de puterío de puercos. Donde se lamen el ego unos a otros alimentando su propia perdición.
Yo en cambio, he decidido ir por un mejor camino. Uno inmaculado, libre de esas imbecilidades. No importa si estoy solo. ¿Quién los necesita?
Además…
Ahora que estaré con Lucero…
Ni siquiera podrán decir que soy un infeliz al que todos odian.
¡Ja! ¡mirenme! Ahora estoy con la chica más hermosa de todas, la más dulce y la que claramente me aprecia por lo que soy y valgo.
Ella es la indicada.
Y no solo eso.
¡Me ha invitado a un banquete de gala! Eso es una mujer fina. Claramente, por fin podré entrar al lugar que merezco.
Todos pueden pudrirse en su envidia hacia mi. A nadie les importa.
Luego de algunas horas y mucha preparación, llego a la gran propiedad donde se llevará a cabo el banquete.
Parece salida de una película: Con un portón que debe medir sus cuatro o cinco metros, formando intrincados diseños con el metal que parecen escenas sacadas de algún libro de fantasía. Muros de piedra… se ven bien pero mejor no tocarlos, parecen tener musgo y suciedad.
La mansión se encuentra luego de cruzar un largo camino interno, rodeado de jardines bellamente cuidados y una entrada de mármol blanco pulido al igual que prácticamente todos los ladrillos de la edificación.
Unos hombres altos y bien vestidos me reciben en la entrada. Se ven impecables.
—Estimado, bienvenido al palacio de la vida ¿Es usted el señor Elían Reyes? —Pregunta el más alto, con cortesía, mientras el otro se ofrece a llevar mi abrigo.
—Él mismo, y tenga cuidado con mi abrigo, no lo vaya a arrugar —respondo mientras le entrego la prenda a su compañero. Por muy elegantes que se vean, siguen siendo la servidumbre, nunca se puede estar demasiado seguro de sus cuidados.
—¡Corazón! excelente que ya estés aquí, todos te estábamos esperando. —se escucha una dulce voz aparecer desde dentro, seguido por una hermosa mujer de rojos y largos cabellos, ojos celestes, piel blanca de porcelana, vestido negro ceñido y de escote pronunciado, con detalles verde esmeralda en su jollería y atuendo.
—Lucero… es un honor poder estar aquí con su presencia. ¿Dice que me están esperando? Lamento si he llegado tarde, pero ya sabe lo que dicen, lo mejor siempre se hace esperar —le guiño el ojo mientras me acerco a ella.
—Por supuesto, eres el invitado de honor, ¿no te lo dije? —menciona con una risa angelical.
—No, no me lo había dicho, pero es una grata noticia. ¿Es esta la sorpresa que dijo que me daría?
—En parte sí, pero la verdadera sorpresa está en el banquete. Ven mi dulzura, no los hagamos esperar más —se me acerca y sostiene de mi brazo, haciéndome sentir la suavidad de sus pechos contra éste.
Me tenso un poco, no suelo tocar a otras personas. Pero me obligo a tolerarlo, ella es la mujer ideal e indicada para mí, acostumbrarme a su contacto es lo mínimo que puedo hacer por ese futuro que me espera.
—¿Estás bien, bonbon? —susurra en mi oreja, generando un escalofríos que recorre todo mi cuerpo.
—To-todo bien, solo los nervios por ser presentado a tu gente jeje.
—Ay no te preocupes tanto, de seguro los deleitarás con tu presencia —su aliento está tan cerca de mi cuello… y no puedo evitar dar un respingo cuando siento algo húmedo y suave recorrerlo brevemente.
— ¡Ah! e-espera, no puedes hacer eso aquí, ¿y tus modales? —la reprendo mientras mis manos van inconscientemente a buscar mi alcohol gel.
Una fina risita sale de ella.
—No te pongas nervioso, ¿o ya no me quieres? —comenta con tono meloso retirándome la botellita de las manos. Algo en su mirada me impide replicar, pero por fin se aleja lo suficiente y me termina de guiar hasta el salón principal.
Cuando las puertas se abren, se hace el silencio en el momento en que ingresamos. Un amplio salón con una veintena de sofisticadas y elegantes personas que me devuelven la mirada, nos dan la bienvenida.
Aparentemente estaban bailando un vals que un grupo de músicos tocaba en vivo desde un rincón.
Logro observar una gran mesa en el fondo. Tiene varias copas y aperitivos, con un gran espacio al centro que, supongo, será el lugar donde pondrán más adelante el platillo central.
Detrás nuestro se escucha la puerta cerrarse.
Uno de los sirvientes que me recibió y que nos ha estado siguiendo desde que ingresé al edificio, se nos adelanta y, con una profunda pero fuerte voz inicia su presentación:
—Mis muy estimados amigos y compañeros. Es de mi agrado presentaros el banquete que mi querida hija nos ha traído para nuestra velada de hoy. —dice estirando su mano hacia mí, presentándome.
¿Eh?
—Espera, ¿Cómo que banquete? yo tengo nombre, ¿sabes? —digo ofendido. Quizás tuvo un lapsus linguae— Y ¿qué es eso de su hija? no me diga que usted es…
—Exacto, soy Lord Rosenbald, el padre de Lucero Rosenbald. Y el dueño de esta propiedad. Y claro, usted tenía nombre, pero para temas prácticos, preferimos no nombrar a nuestro “ganado premium” —expresa mientras me alza el mentón con su mano, analizándome.
Parece una broma, ¿no?, mi futuro suegro parece tener ese maldito humor negro que tanto aborrezco.
Entonces sonríe mostrando sus dientes, dos colmillos muy afilados se asoman entre ellos.
Ahora que lo noto, su mano es fría al igual que la lengua de Lucero… ¿Es esto un sueño?
Se escuchan murmullos entre la gente. sus rostros muestran entusiasmo voraz y vulgar, mostrando igualmente sonrisas con esos colmillos…
—¿Te gusta la sorpresa, corazón? El banquete… creo que deleitará a todos los comensales —susurra en mi oído suavemente la mujer a mi lado.
No… tampoco sé si llamarla mujer…
Nadie aquí parece siquiera humano ahora que los veo mejor, sus rostros son demasiado pálidos, sus ojos… vacíos… el aroma del lugar...
—Una gran sorpresa, dulzura. Eh… Disculpa, de hecho, creo que ha sido tal la sorpresa, que mi esfínter necesita atención… si sabes a lo que me refiero… —comento con la mejor cara que logro poner ante la situación y ante lo dicho.
Me mira con una sorpresa que no me había mostrado hasta ahora. Y comienza a reír, pero no esa risa dulce de antes, sino que a carcajadas, como si fuera una hiena.
—¿No me digas que te estás cagando del miedo? que dulce. No te preocupes, los baños se encuentran tras esa puerta. No olvides lavarte bien, bonbon.
Las risas resuenan también en el resto del salón.
Nunca me había sentido tan humillado.
Pero ante tal situación, solo sigo mis propias palabras y me dirijo con toda la dignidad que me queda a la puerta indicada, escoltado por el sujeto que había tomado mi abrigo.
Al cerrar la puerta, y con el tipo tras ella, un golpe odorífero me golpea la cara. ¡Este lugar apesta!, y es peor que el horrible olor de un baño público, ¡es como si un cadáver podrido hubiera defecado algo corrosivo!
¿A dónde se fue todo el glamour de esta gente?
No… estos monstruos…
Busco mi alcohol gel pero ya no lo tengo.
Claro, esa arpía…
Suenan golpes en la puerta.
—Ey, no te tomes demasiado tiempo, la gente se impacienta. —se escucha desde el otro lado.
Me esperan…
Soy el banquete…
Siento que voy a vomitar.
Corro hacia el inodoro, el aroma que sale de ahí es tan asqueroso que comienzo a botar todo lo que creo haber comido en los últimos dos días.
Y no había solo agua en él…
Un líquido negro, ácido de lo apestoso, estaba en su fondo, removido por mi suplica de purificación intestinal.
El líquido espeso y maloliente salpica en mi rostro, invitándome a limpiar mi interior aún más.
No creo que pueda volver a comer nada nunca más luego de oler y tocar esto…
…
Quizás…
…
—Si salgo vivo de aquí volveré a donde mi doctora, la necesito urgente, quizás cuantas enfermedades contraeré de aquí. —susurro acercando mis manos temblorosas hacia esa sustancia oscura.
Luego de unos minutos más, vuelvo a abrir la puerta del baño. Mi cuerpo tiembla entero, me siento débil, podría caer en cualquier segundo.
Las miradas pasan del júbilo al horror en tan solo segundos.
—Tú… ¿qué mierda crees que acabas de hacer…? —comenta incrédula la criatura que alguna vez llamé mujer, arrugando la nariz y tapándose la boca.
—Lord Rosenbald, ¡esto es un insulto!, ofrecimos nuestro apoyo a su causa… ¿Y con esto nos da la bienvenida? —habla un monstruo mayor que no había hablado hasta ahora.
—Esta apestosidad… ¡Jonson, tiralo a la basura ahora mismo! —grita el dueño del lugar.
Alguien o algo me agarra bruscamente.
Bien… ya me iba a caer…
Todo se vuelve negro.
…
Hace frío.
Mucho frío.
Abro los ojos pero está oscuro.
¿Dónde estoy?
¿Qué hago aquí?
Estiro mis manos y choco contra algo metálico que resuena.
Ahora que lo veo… bajo mío hay algo que se remueve con mi peso.
—¡Iiih! —grita algo justo antes de sentir un fuerte dolor en mi mano que estaba intentando reconocer el lugar, siento lo último que noté, algo peludo y más cálido que el resto.
—¡Ah! —grito intentando sacarme a la rata que me había mordido.
con el sobresalto choque con lo que parece otra cosa de metal sobre mí que se mueve y abre un poco, dejando por fin entrar algo de luz.
La abro del todo con el corazón saltando a mil.
Y donde estaba…
Un contenedor de basura.
Y fuera…
La carretera.












