“Criar en tiempos digitales: entre pantallas y emociones”
Una conversación con la psicóloga infantil Ana Rodríguez sobre los retos actuales en la crianza y el desarrollo emocional de los niños.
En una época donde las pantallas forman parte de la vida cotidiana, la crianza enfrenta nuevos desafíos. ¿Cómo influyen los dispositivos en el desarrollo emocional? ¿Qué pueden hacer los padres ante conductas como la dependencia o los berrinches? Para responder a estas preguntas, conversamos con la psicóloga infantil Ana Rodríguez, quien comparte su experiencia trabajando con familias y niños en etapa preescolar.
—¿Cuáles son los principales cambios que has observado en la crianza en los últimos años? Hoy vemos una crianza mucho más mediada por la tecnología. Los niños tienen acceso a dispositivos desde muy pequeños, lo que cambia la forma en que se relacionan, juegan y regulan sus emociones.
—¿Qué impacto tiene esto en su desarrollo emocional? Puede haber dificultades en la tolerancia a la frustración. Cuando un niño se acostumbra a la inmediatez de las pantallas, le cuesta más esperar o adaptarse a situaciones que requieren paciencia.
—Muchos padres enfrentan problemas al retirar hábitos como el uso del pañal o la dependencia a ciertos objetos. ¿A qué se debe esto? Tiene que ver con la seguridad emocional. Los niños buscan control en ciertos momentos de transición. Por ejemplo, dejar el pañal no es solo un proceso físico, sino también emocional.
—¿Qué recomiendas a los padres en estos casos? Acompañar sin presionar. Validar emociones y establecer rutinas claras. La constancia es clave, pero también la empatía.
—¿Cuál es el error más común que cometen los adultos? Querer resultados inmediatos. Cada niño tiene su propio ritmo, y compararlos con otros puede generar más ansiedad tanto en el niño como en los padres.
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La crianza en la actualidad exige paciencia, información y adaptación constante. Más allá de prohibir o imponer, el verdadero reto está en acompañar a los niños en su desarrollo emocional, entendiendo que cada etapa tiene su propio ritmo.













