Canon Canonet + Revolog Kosmos 400
(Budapest, 2019)
Cuando me preguntan qué nuevo idioma quisiera aprender siempre contesto que será el japonés, lo tengo claro desde hace mucho. Tanto el idioma como la cultura nipona me producen una enorme fascinación. Lo único que no sé es cuando será. Lo voy posponiendo porque estoy consciente de que no será un emprendimiento fácil y necesitaré mucho tiempo y mucha dedicación. Tiene tres sistemas de escritura diferentes, más de 3000 carácteres, oraciones jerárquicas y muchos homófonos. Su filiación genética es incierta, con lo cual se suele considerar como ‘lengua aislada’.
Detrás de muchas palabras y expresiones japonesas hay todo un mundo maravilloso, ligado a una manera de pensar muy lejana a la nuestra occidental. El lenguaje siempre está relacionado directamente con el pensamiento. Nuestra forma de pensar, de interactuar y de ver el mundo condiciona y modela nuestro idioma. Pues la 'japonesidad’ que se refleja en el idioma es una fuente inagotable de reflexión transversal.
Hay una palabra del japonés, ‘boketto’, que significa mirar en la distancia, al vacío, sin mirar ni pensar en nada en específico. Que exista una palabra de este tipo creada por la sociedad nipona _que es un ejemplo de incesante productividad_ de alguna manera respalda y autoriza mis momentos de ensimismamiento y abstracción del mundo exterior. Amo quedarme empanada mirando el horizonte, perderme con la mirada en la lejanía sin pensar en absolutamente nada. Cuando era niña, cada vez que lo hacía, mi madre me decía que sin querer rotaba ligeramente el ojo izquierdo hasta parecer un poco bizca. “Ti si è incantato l’occhio” me decía. Entonces volvía en mi, concentrada, y mi ojo volvía a su eje habitual.
La foto que comparto hoy la tomé en Budapest, en lo alto de una torre. Sólo estábamos yo y esta chica japonesa (una casualidad?). La luz natural que entraba por las ventanas era muy bonita. Tuvimos un educado intercambio de opiniones sobre la ciudad. Empezamos a conversar, su voz era muy suave. Me permitió hacerle fotos y pude así inmortalizar su momento boketto. Estuvo unos largos instantes asomada a esa ventana y con la mirada perdida en el horizonte, sin ni pestañear. Tuve la impresión de que se había olvidado también de mi presencia.