K de Karol
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K de Karol
Vecinos.
Mis vecinos, son, en su mayoría, plantas. Frente a mi ventana, no muy lejos, dos palmeras se ven ensimismadas hablando entre sí. Parecen contarse como se ha movido hoy el viento, el chisme del crecimiento del musgo o de los limones que han brotado últimamente, y sobre los mejores ejercicios matutinos para verse tan erguidas y saludables. De ves en cuando, miran a lo lejos, por encima de muchas de sus congéneres (porque son bastante altas para verlas desde mi cama, a través de las ventanas de la sala), se regocijan entre la belleza del paisaje del que gozan a diario. No se han dado cuenta que las llevo observando un buen tiempo, se ríen y mueven su ramas al son del viento que suave y frio pasa por entre sus hojas. La neblina viene subiendo, lenta y parsimoniosa como siempre, para humedecer todo con su rocio, asciende desde la base de esta montaña que me permite vivir entre sus tierras, compartiendo terreno con árboles juguetones que algunas veces me saludan moviendo sus ramas a contra-viento, o junto a mi vecino favorito, el más alto e imponente (un joven árbol de 90 años aproximadamente) que para esta época, deja caer una lluvia de hojas frente a mi casa, riéndose de su perdida y el reguero que deja, porque sabe que pronto brillará con nuevas hojas. Por estos días, una vaca pasta en su zona, algunas veces muge llamando en la distancia a su ternero, que se han llevado más arriba en la colina, ya que es hora del destete! Mamá vaca corre hacia una esquina en especial y le llama, le recuerda que ella sigue aquí. En ocasiones, se escucha al ternero contestarle, creo que le cuenta que está rodeado de dos loros groseros y habladores, algunos patos orgullosos, un gato intrépido y varios perros muy ladradores. Mamá queda tranquila por un rato, quizás se alegra al escuchar que su bebe crece rodeado de amigos, por lo que muge y continua su lento pastar esperando el dulce que aveces su dueño le trae, y de paso, la cambia de sitio para que pueda disfrutar de pastos más verdes. Miro mi café ya frio y no puedo evitar sonrojarme: ¡Las palmeras me han pillado!
Sushi ha enviado tratos al universo. VanGogh lleva tres días fuera de casa, y ella lo extraña. Al principio pensaba cogerlo a mordiscos a penas llegará por egoísta (¡alejarse de casa en plena cuarentena!); ahora solo lo espera. Promete que si llega pronto ya no le morderá la cola mientras come y dejará de esconderle la pelota. Que si lo escucha de nuevo le prestará la caja de juegos y su cobija preferida. Que si lo lame otra vez le enseñará la parte más fácil para subir al tejado y su escondite. Pero desea verle de nuevo y recordarle, que a veces quedarse en casa es la mejor manera de decir te quiero...
Dalí.
Que hermoso regalo ha sido su vida; suele iluminar mis mañanas cuando me ve y se abre de patas para saludarme y que le rasque la barriga, me divierte cada tarde cuando mete su hocico bajo mi brazo mientras trabajo recordándome la pausa necesaria para mi y su necesidad imperiosa de salir a caminar, y me regocija escuchar su respiración cercana por las noches cuando intento conciliar el sueño. Existen amores así, familias así, amigos así. Existe él, amor de mis amores, el consentido mayor, incondicional amigo mío.
Shot by @social_32
Indiferencia
Entre el humo y el polvo, entre al agua sucia y el basural, juzgando con facilidad., mirando siempre para otro lado; todo está bien cuando la cachetada asesta en otra mejilla, cuando el tabaco se acaba en cajetilla ajena, cuando hay pan y vino sobre la mesa, la propia.
Se desdibuja el recuerdo de andar descalzo por pastizales, mientras de los planes no quedan sino las metas.
Y medio mundo enfermo.
Alie
Alie ha considerado que lo más seguro es mantener distancia. Por lo que ha decidido disimular que en su barriga no solo hay mariposas sino luciérnagas, y que es preferible que no vea todas las ganas que tiene de besarle y abrazarle. No importa si luego se da cuenta que le ha dejado en la nevera un yogurt con la nota que dice “tu porción está en el horno”, o si siente que su lado de la cama está tibio al acostarse, o si le descubre mirándole como quien nunca ha visto una noche estrellada y sin frio. Igual que el amor a veces es distancia con sabor a fresa y torta de chocolate.
La forma de las cosas
Jesy ha hecho caso de quedarse en casa perdiendo la cuenta de los días. Así mismo ha ido tomando la forma de las cosas, a veces es viento y es ave, a veces es agua y es pez, a veces salta los tejados y explora cómo su gato, y a veces es el amor en los ojos de su perro y su perro mismo. Otras veces es música y suena a mambo. Y a veces es silencio, porque se llena de añoranza, y se le hacen visibles los ojos cargados de gotitas saldas, y se le aprisiona el pecho, un revoltijo de sentimientos de colores apagados, y se le extienden los brazos y los labios que tienden a fundirse en un recuerdo ya lejano.
Mi Hogar en Cuarentena
Hoy es sofocante el sol que hace. La claridad duele en los ojos. Las ventanas parecen lupas. Las cobijas calientes nos expulsan de la cama. Al salir al jardín, vemos que el limonar aún no ha dado limones, pero si da sombra. Es fresco bajo sus ramas. El agua en el chorro corre limpia y fresca, ¡que ganas de bañarnos en ella! Me siento en la hamaca y Dalí se abre de patas, me reconforta su pelaje cálido bajo mis pies. VanGogh no deja de ser un gato gruñón que se ha apropiado del comedor y Frida, bueno, sigue siendo bastante consentida. Mi esposo dibuja en su celular, y pese a calor, que rico un tinto bien caliente.