Vecinos.
Mis vecinos, son, en su mayoría, plantas. Frente a mi ventana, no muy lejos, dos palmeras se ven ensimismadas hablando entre sí. Parecen contarse como se ha movido hoy el viento, el chisme del crecimiento del musgo o de los limones que han brotado últimamente, y sobre los mejores ejercicios matutinos para verse tan erguidas y saludables. De ves en cuando, miran a lo lejos, por encima de muchas de sus congéneres (porque son bastante altas para verlas desde mi cama, a través de las ventanas de la sala), se regocijan entre la belleza del paisaje del que gozan a diario. No se han dado cuenta que las llevo observando un buen tiempo, se ríen y mueven su ramas al son del viento que suave y frio pasa por entre sus hojas. La neblina viene subiendo, lenta y parsimoniosa como siempre, para humedecer todo con su rocio, asciende desde la base de esta montaña que me permite vivir entre sus tierras, compartiendo terreno con árboles juguetones que algunas veces me saludan moviendo sus ramas a contra-viento, o junto a mi vecino favorito, el más alto e imponente (un joven árbol de 90 años aproximadamente) que para esta época, deja caer una lluvia de hojas frente a mi casa, riéndose de su perdida y el reguero que deja, porque sabe que pronto brillará con nuevas hojas. Por estos días, una vaca pasta en su zona, algunas veces muge llamando en la distancia a su ternero, que se han llevado más arriba en la colina, ya que es hora del destete! Mamá vaca corre hacia una esquina en especial y le llama, le recuerda que ella sigue aquí. En ocasiones, se escucha al ternero contestarle, creo que le cuenta que está rodeado de dos loros groseros y habladores, algunos patos orgullosos, un gato intrépido y varios perros muy ladradores. Mamá queda tranquila por un rato, quizás se alegra al escuchar que su bebe crece rodeado de amigos, por lo que muge y continua su lento pastar esperando el dulce que aveces su dueño le trae, y de paso, la cambia de sitio para que pueda disfrutar de pastos más verdes. Miro mi café ya frio y no puedo evitar sonrojarme: ¡Las palmeras me han pillado!














