La verdad, no se puede sacar provecho de mí. No valgo para nada. En todo lo que tenga que ver con mi pueblo soy un niño malcriado. Cuando entro en contacto con el ambiente de mi tierra me pongo lacio, mi egoísmo me puede, pierdo todo control. Entro en un estado que a mí mismo me sorprende. Mi fuerza de voluntad se va al garete, me fallan los frenos. El corazón me palpita que da miedo, se me aflojan las coyunturas y soy incapaz de darme aires.
Aunque sirvieron exquisiteces de todo tipo una tras otra, la desazón no me dejaba comer. No hacía más que beber. Pimplaba sake como un condenado. Como llovía todas las ventanas estaban cerradas, la sala bochornosa y húmeda, y conforme el alcohol corría por mis venas empecé a resollar y boquear. Mi cara tenía que estar del color de un pulpo cocido.
Así no. A este paso mi reputación entre mis paisanos sólo iba a hundirse todavía más. Me apenaba pensar en el enojo y bochorno que habrían sentido mi madre y mi hermano mayor si hubieran podido verme en aquel momento, pero ya iba sin freno y cuesta abajo. Seguí bebiendo sin más. Me estaba portando como un niñato.
Con treinta y un años, sin vestigio apreciable de encanto muchachil, aquí estaba haciéndome el chaval… era un esperpento. Cuanto más me emborrachaba, más patético resultaba, renegando de la reunión para mi capote, elucubrando petulantes modos de ostentar mi papel de heterodoxo, reportándome luego… no, no, estas son personas respetables, sobresalientes en sus campos, artistas decentes, humildes, benevolentes que han enfrentado vicisitudes y penalidades. La única sabandija aquí eres tú. ¡Ah, qué cobarde eres —me dije—, como una pusilánime vieja decrépita! Si te desagradan tales reuniones ¿para qué te endosaste el hakama y viniste? Todo el mundo puede ver a través de ese infame desatino tuyo.
Resumiendo, estaba hecho un horror, revolviéndome en mi asiento, incapaz de relajarme, dando bandazos y bebiendo una copa de sake detrás de otra. Me pasé del todo, y mientras sentía cómo el alcohol corría por mis venas, todo mi cuerpo se puso tan caliente que debía de estar soltando vapor por la coronilla.