Busco trastos para plasmar el pensamiento
Me apoyo en esa baranda, en el rincón de una consciencia enredada en si
En un pedazo de la inmensidad
Cada quien en lo suyo
Mientras me arrastro en cuclillas por un terreno filoso y empolvado
Lleno de recuerdos, imaginados y reales,
unos amarrados con placer, otros con displicencia, algunos con suspiros.
Imaginaciones, pasado con actualizaciones tiránicas...
comandados por el tiempo insaciable, inacabable y etéreo
No sé cómo se esfumará mi consciencia.
No lo hará ella, tampoco otra
Pero es buena destructora la memoria dislocada de una...
¿Quién sabe qué hay de ella? ...
Que torrencial incógnita, ¡tan aprisionada!
No sé si lo grito,
le pregunto a la nada
O quiero que alguien me lo diga...
Ella no lo hará...
Historia repetida, cada una con sus detalles.
Carne, órganos, neuronas y consciencia...
Les atrapa el tiempo en el futuro constante creado por el pasado, por lo que viene
En mi historia e imaginaciones
En el tener que existir
En los míos, unos circunstanciales, otros etéreos, otros siempre presentes,
¿Y yo qué?
Como decía Ciorán, espero que el fin de esta hecatombe, que se pasea por las cimas de la desesperación, sea en el momento de más éxtasis, cuando la vida se llene de ningún sentido y tenga la más poderosa carga de ella, cuando se apodere de cuerpo y mente una profunda plenitud.
...¡Pero como voy a lograrlo si no tengo ganas de nada!...
Me sumerjo en lecturas y pensamientos que retuercen y dan placer, hacerlo es un gozo elevado...
¿No te parece que ya es hora?
¿Dónde tienes la hoz?
Acaba con esto
¡Me desespera intentar hilar pensamientos!
Tampoco quiero ser un atravesado repleto de trombos
De historias enredadas
Donde pisa ella sin hacer presencia.














