"Hacía tiempo que sin saber nada descubría un dramaturgo (que aquí se multiplica en otras faenas, y sale más que bien librado) con tanto poder de seducción, con un excelente oído para las palabras y sus polisemias, para la estocada de las escenas y el pensamiento rápido que da varios saltos mortales poéticos, entre la hondura y el puro filo de una risa que es como un desfibrilador. El verbo se hacer carne, y de qué manera. Lecciones aprendidas y por aprender, con Baudelaire, los ojos y los oídos de los que venimos de la noche y a la noche vamos. Puro teatro. Con un puñado de cenizas e inteligencia a raudales. Sorbos de vida estilizada."