Todos sabÃan mis sentimientos, hasta él.
Todos sabÃan sus sentimientos, hasta yo.
Yo lo querÃa.
Él me querÃa.
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Todos sabÃan mis sentimientos, hasta él.
Todos sabÃan sus sentimientos, hasta yo.
Yo lo querÃa.
Él me querÃa.
—¿Por qué aún la amo?
—¿Te molesta que aún la ames?
—Me molesta que estemos condenados al fracaso.
—Entonces te lo diré yo. No está mintiendo. Además, se enamoró de ti, Joss.
—Es una pena, porque yo me enamoré de Ingrid Alexandra Oort, no de una Smirnov.
—Lo que dice es mentira, ¿verdad? Digan que es mentira, Alex no es una Smirnov.
Mi papá miraba el techo.
Mi hermano miraba el suelo.
Mi hermana estaba llorando.
Y esa fue toda la confirmación que necesitaba.
Alexandra era una Smirnov.
—¿Me estabas viendo ese dÃa?
—Siempre te observé, Alex. Y no sabes lo feliz que me hacÃa saber que tú también me observabas.
—Y pensar que todo este tiempo creà que solo era yo.
—Nunca fuiste solo tú, siempre fuimos nosotros.
—PodrÃamos ir a la universidad, los dos juntos.
—Yo no puedo, no en este momento.
—Entonces dime cuando y los dos vamos.
—No puedes perder más el tiempo, menos cuando por fin estás decidiendo lo que quieres de tu vida.
—¿Qué harás si Ingrid no quiere ir?
—Bueno...
—No deberÃas ir a la universidad por ella, deberÃas ir por ti.
—¡Joss!
—Lo he hecho muchas veces y no me habÃas dicho nada.
—SÃ, pero... en esas veces...
—¿O sea que primero tengo que desnudarte para poner mi cara aqu�
—Eres un pervertido.
—Soy TU pervertido.