Hace meses que no te veía. No sabía nada de ti, aparte de uno o dos tuits que escribiste hace unas dos o tres semanas. Una frase de una canción /anything I can mistake in the dark for being what I'm looking for, it's good enough for me/ y una suerte de mensaje personal, quizás algo que escuchaste o tal vez algo que alguien te dijo ("nadie va a levantar la mano por ti"). Más allá de eso no he sabido nada de ti, hasta probablemente esta noche, que apareces como náufrago, tocando tierra conocida. En medio de toda la gente me alcanzas a reconocer y sonríes mientras tomas una cerveza de la hielera y me ofreces una con un gesto que pudiera ser interpretado de cualquier otra manera y es que eres todo, menos expresivo. Pero justo cuando te diriges a saludarme propiamente, te detiene una de esas personas, que se suponen son de relleno en esta escena, y te comenta algo de lo que te burlas con esa risa artificial que tanto detesto. Luego de unos minutos logras evadir ese obstáculo y te acercas, como si ayer o hace unas dos horas hubiera sido nuestro último encuentro, me saludas, beso en la mejilla y preguntas "¿cómo has estado?" . Por lo menos incluyes el "has", al menos en el lenguaje verbal sí percibiste esa ligera ausencia. Luego, empiezo a hablar, a contarte de la ocasión, hace un mes, que discutí con un colega acerca de la diferencia de los usos y costumbres de los deleznables y criticables hábitos de la cultura machista, así como también la forma tan graciosa en la que me dio hipo en la oficina durante dos horas seguidas y los mil y un remedios que me recomendaron para que me "aliviara". Tú ríes gentilmente cuando me doy cuenta de que esta misma interacción ya la hemos tenido, es siempre el mismo guión, por la salvedad de los eventos. Imaginen el script, uno de los personajes habla y el otro está lleno de acotaciones como "[ríe apaciblemente mientras coloca su mano en la rodilla de X...]" o "[asiente, y con su otra mano aprieta una servilleta]". En fin, detengo mi palabrería y se hace un silencio. Me miras, nos miramos, tú con esa cara de idiota y yo con unos ojos que demandan más que respuestas monosilábicas o ademanes de tu parte. Te pregunto "¿Qué piensas?" Sólo obtengo una risa nerviosa seguida de "nada". Y así es, contigo siempre es nada. Por eso no nos vemos y nos podemos dejar de hablar durante grandes periodos de tiempo y cuando nos encontramos como en este día nos quedamos siempre en la misma conversación, la del interlocutor silencioso. El terapeuta gratuito. El soliloquio discursivo. Tus silencios pesan, no porque me interese, sino porque no entiendo qué representan. No sé sí estás siendo amable o demasiado cauteloso. A la defensiva ¿De quién?¿de qué? ¿Por qué? Adiós. [se levanta y sujeta del brazo a X, y con una mirada confusa le atrae hacia su cuerpo y la enfunda en un abrazo cálido]. -