Growing up #bittersweet #digimonadventure #lastevolution #digimon
Xuebing Du
Three Goblin Art

if i look back, i am lost
will byers stan first human second
sheepfilms
todays bird

PR's Tumblrdome

titsay
PUT YOUR BEARD IN MY MOUTH
Aqua Utopia|海の底で記憶を紡ぐ
Sade Olutola
ojovivo
Jules of Nature
Game of Thrones Daily
2025 on Tumblr: Trends That Defined the Year

Origami Around
One Nice Bug Per Day
he wasn't even looking at me and he found me
Today's Document

izzy's playlists!
seen from Brazil
seen from Indonesia
seen from Bangladesh

seen from United States
seen from United Kingdom
seen from United States

seen from United States
seen from United States

seen from United States

seen from United States
seen from United States
seen from United States

seen from United States
seen from United States
seen from United States
seen from United States

seen from United States
seen from United States
seen from United States
seen from United States
@disquisiciones
Growing up #bittersweet #digimonadventure #lastevolution #digimon
Vicisitudes
Mi problema no es que me quiera matar, sino que simplemente me cansé de vivir.
Hay personas que no tienen la capacidad o la fortuna de adaptarse a sus entornos o circunstancias y lamentablemente ese ha sido mi caso, toda la vida.
No puedo soportar más pretendiendo que disfruto lo que hago, que estoy contento con mi día a día, mucho menos con las contradicciones a las que me enfrento diariamente.
Algunos rostros ocultan su tristeza en una sonrisa, pero hay otras caras cuya normalidad se volvió la tristeza y por ende ya no necesitan ocultar nada.
Desconexión
Y si hoy me quedo acostado escondido bajo las sábanas, escuchando música. ¿Habrá quien se dé cuenta?
Apenas
La lluvia disuade cualquier otro sonido. El frío nos vulnera, reafirma nuestra soledad. He aprendido a guardar silencio sin hacer voto alguno. Y he conversado conmigo, me he burlado de mí. De mi cobardía, el mutismo, la inacción. De lo que sé pero no quiero entender. De lo que hago y dejo de hacer. La noche nos aterra, el tiempo libre es igual a horas perdidas. Hay tanto allá afuera y tan poco aquí adentro. Y me escondo, pero dejo la puerta abierta. Y salgo, pero a unos cuantos metros me mareo y regreso. Y me escondo, pero me quedo viendo fijamente a la ventana. A la espera. Viviendo a secas, viviendo apenas.
Desde afuera
Los días me consumen, ya no hay tiempo para mí. Porque ahora siempre es estar preocupado por el porvenir. Y no por una promesa, sino por los pendientes y mi desinterés hacia ellos. De aquí a mañana y viceversa; no me soporto. Se supone que mi trabajo debe ser todo menos rutinario y sin embargo lo es. La rutina nos escoge, no al revés. Destinatarios desafortunados, arrojados a los horarios inciertos pero convencionales. Mi mayor descontento es que siempre falta algo. Es intangible pero irrecuperable, el tiempo sigue, pero su transcurso no se interioriza. Porque sigo atrapado en un momento determinado, una pausa que se ha prolongado. Afuera las hojas caen, el cuerpo lo resiente. Adentro la manecilla no se mueve, la intensidad tampoco y la inacción prevalece. Testigo de mi vida, narrador omnisciente de mis días, personaje secundario siendo protagonista. Anacrónico, presentista. Yo, desde afuera.
Contigo siempre es nada
Hace meses que no te veía. No sabía nada de ti, aparte de uno o dos tuits que escribiste hace unas dos o tres semanas. Una frase de una canción /anything I can mistake in the dark for being what I'm looking for, it's good enough for me/ y una suerte de mensaje personal, quizás algo que escuchaste o tal vez algo que alguien te dijo ("nadie va a levantar la mano por ti"). Más allá de eso no he sabido nada de ti, hasta probablemente esta noche, que apareces como náufrago, tocando tierra conocida. En medio de toda la gente me alcanzas a reconocer y sonríes mientras tomas una cerveza de la hielera y me ofreces una con un gesto que pudiera ser interpretado de cualquier otra manera y es que eres todo, menos expresivo. Pero justo cuando te diriges a saludarme propiamente, te detiene una de esas personas, que se suponen son de relleno en esta escena, y te comenta algo de lo que te burlas con esa risa artificial que tanto detesto. Luego de unos minutos logras evadir ese obstáculo y te acercas, como si ayer o hace unas dos horas hubiera sido nuestro último encuentro, me saludas, beso en la mejilla y preguntas "¿cómo has estado?" . Por lo menos incluyes el "has", al menos en el lenguaje verbal sí percibiste esa ligera ausencia. Luego, empiezo a hablar, a contarte de la ocasión, hace un mes, que discutí con un colega acerca de la diferencia de los usos y costumbres de los deleznables y criticables hábitos de la cultura machista, así como también la forma tan graciosa en la que me dio hipo en la oficina durante dos horas seguidas y los mil y un remedios que me recomendaron para que me "aliviara". Tú ríes gentilmente cuando me doy cuenta de que esta misma interacción ya la hemos tenido, es siempre el mismo guión, por la salvedad de los eventos. Imaginen el script, uno de los personajes habla y el otro está lleno de acotaciones como "[ríe apaciblemente mientras coloca su mano en la rodilla de X...]" o "[asiente, y con su otra mano aprieta una servilleta]". En fin, detengo mi palabrería y se hace un silencio. Me miras, nos miramos, tú con esa cara de idiota y yo con unos ojos que demandan más que respuestas monosilábicas o ademanes de tu parte. Te pregunto "¿Qué piensas?" Sólo obtengo una risa nerviosa seguida de "nada". Y así es, contigo siempre es nada. Por eso no nos vemos y nos podemos dejar de hablar durante grandes periodos de tiempo y cuando nos encontramos como en este día nos quedamos siempre en la misma conversación, la del interlocutor silencioso. El terapeuta gratuito. El soliloquio discursivo. Tus silencios pesan, no porque me interese, sino porque no entiendo qué representan. No sé sí estás siendo amable o demasiado cauteloso. A la defensiva ¿De quién?¿de qué? ¿Por qué? Adiós. [se levanta y sujeta del brazo a X, y con una mirada confusa le atrae hacia su cuerpo y la enfunda en un abrazo cálido]. -
...
tendré un nuevo comienzo. Pero para ello necesito destruirme y volverme a rehacer porque así es como se supone que funciona. Mas, les repito, tengo algo de mitómano pero sobre todo soy un mediocre. Y por eso decido amarte en silencio e imaginarte en un sueño. Rechazar cualquier invitación so pretexto de quedarme acostado en mi cama bajo mi escudo de sábanas. Someterme a la rutina del día a día hasta convertirme en un enorme contenedor de frases reiterativas e historias ficticias, por lo más inverosímiles. Abandonarme a pequeños placeres como una cerveza bien fría y uno que otro cigarro, temiendo, más bien deseando, que uno de estos días el keppra tenga alguna reacción secundaria y mi vida, o lo que llamo vida, ahora sí dé un cambio y purgue toda la mierda acumulada por años de mediocrismo y depresión.
Notas de un mediocrista.
Dinámicas del hogar
Esta casa se cae. Los llantos, los gritos y los silencios. Murió de algo este hogar. De decepciones, mentiras y engaños. Tengo tantas ganas de escapar, De correr y no mirar atrás. Pero no puedo dejarlos. Esta casa se cae, Vodka cereza y cigarros.
2013, te extraño.
Fotografía
Microcuento de nosotros a lo largo del tiempo. Del cabello, las sonrisas y las caricias. Y de nuestros sentimientos e impulsos. De besarnos hasta que los labios dolieran y tocarnos cuando nadie nos viera.
Encierro
Te voy a escribir para que te sientas acompañado. Pese a la distancia y al encierro sé que me estás escuchando. Temo por ti, por la soledad que te acecha. Aquella que no te deja dormir en las noches. Quiero verte pero me es imposible. Por eso te escribo, para que sepas que te pienso. Imagina que estas palabras que plasmo son caricias en tu mejilla. Delicadas falanges jugando con tu tibio y suave rostro. Tengo miedo que cuando regreses seas otro. Por eso prefiero escribirte, porque así sé a quien me estoy dirigiendo. La interacción frente a frente en estas condiciones tal vez nos fuerce a decirnos cosas que no sintamos. La reclusión y el aislamiento tal vez te habrán cambiado. Y por eso te escribo, porque si tú eres ya otro, yo no sé quién soy. Y estaré tan sola como tú lo estás ahora. Así que te escribo estas caricias que son egoístas, por lo más patéticas. Espero las tomes como son y te hagan compañía. La verdad es que te escribo para sentirme acompañada.
Alternativa
Estás sentada en la barra. Frente a nosotros un espejo, te veo primero a través de ese cristal y me percato de que tu mirada me encuentra en el reflejo. Y nuestros ojos se encuentran indirectamente y antes de que hagas el movimiento para voltear a verme, pienso que lo mejor es que te quedes mirando al espejo, a ese otro yo que ahí te mira y que miras, directamente. Y tenemos ese primer segundo encuentro, pero mientras te saludo y abrazo tímidamente con esa familiaridad que nos aterroriza y me siento a tu lado a esperar mi bebida, me quedo viendo a nosotros, los que coexisten en el espejo en ese momento. Y aunque estamos separados, el reflejo nos superpone, nos confronta y nos mira, directamente. Pienso en el desprendimiento de cuerpos, en mundos paralelos y en los espejos como portales. Y esos extraños que miramos no somos nosotros y esos dos que nos miran, somos nosotros. Los que se ven a los ojos de manera indirecta, los que hablan y callan y ríen y beben. Los extraños que juegan a verse, los extraños que se miran y a veces nos miran. Los extraños que en alguna otra línea espacio tiempo se reconocen tiernamente en una escena romántica en un viejo café. Y no los que se ríen discretamente y esconden la ternura en su mirada, viendo hacia el suelo. Los que esconden sus manos como si usaran guantes. Los que calculan las palabras que van a usar y tiemblan cuando los extraños se burlan y beben y ríen y se besan. El espejo que nos mira y nosotros que nos vemos a través de él. Sólo a ti te puedo querer.
Llueve
y no lo disfruto. El olor a tierra mojada, los charcos, los lentes empapados, las botas. Todo me es indiferente. Tormenta tropical, daños irreparables. Mutismo e inundaciones. Damnificado, esperando rescate.
Manifiesto del Mediocrismo
Aunque paradójico, soy obsesivamente mediocre, que hasta para eso se tiene su chiste. Porque ser mediocre no basta y hay cierta mediocridad incluso en el medianamente perfeccionista. Y dentro de tan excelsa mediocridad se esconde la inasible petulancia del inagotable - quizá inexplorado- mediocrismo.
El saberse mediocre todo el tiempo implica una meditación y reflexión admirable, sin embargo también permanece la inacción, se detecta el problema y no se procede a una solución: el mediocrismo en su máxima expresión.
En la oficina buscando sin buscar el teléfono de equis persona para agendar una entrevista. En la casa comiendo como niño con sobrepeso mientras la sola vista en el espejo es deprimente. En el mensaje que te escribo y no te envío.
Es el mediocrismo, artífice de la medianía, de la tibieza y la inacción.
Ideología reducto del ocio, el sentimentalismo y las redes sociales. Evidencia del absurdo, del titubeo, del desperdicio, de la sonrisa disuasiva y la corbata cacique. De las manos que tiemblan y los besos que esquivan.
Ismo de la inacción o de la acción sin intención.
Mediocrista, amigo de los hartistas. Amigo mediocre, por cierto.
Salto de nostalgia
Está usted inmerso en una amena charla cuando súbitamente, desde el engranaje de la memoria una palabra le lleva a una fecha y de esa fecha a un momento. Así pues, de un dato irrelevante, una observación casual, el individuo pasa a un momento de irremediable retrospectiva. Porque de hablar de diseños de interiores uno se acuerda de la habitación soñada, la compañía que antes parecía inseparable y de ahí uno se da cuenta que de eso ya son años y justamente la fecha es parte de un irremediable ciclo caduco. Que hoy hace tantos años "esto" y "aquello" y uno se pierde y su conciencia viaja en el tiempo. Salto de nostalgia. Y el individuo se hace pequeño y está absorto, viendo la ventana, perdido, a destiempo y sin tiempo. Salto de nostalgia.
Otro día más
Es otro día más, de corbata y café barato. Llamadas programadas, discursos ensayados. Odioso conmutador. La asistente de no sé quién camina hacia el fondo del pasillo. Distingo su silueta que resalta en esa falda lápiz, y de mi mirada a la fantasía pasan sólo unos segundos, hasta que el correo se actualiza y sólo me trae infortunios. Pendientes. Y pensar que en eso consiste mi vida: hacerme pendejo en la oficina, llegar a casa y quedarme dormido viendo algo en el televisor. Cuando me veo en el espejo pienso: ¿es éste el hombre que creí que sería? Definitivamente, no. Pero al menos tengo dinero. Frivolidades. Mi yo de hace 5 años estaría decepcionado de este señor de 23.Pero esa es una regla, un lugar común. Hay - o debe de haber- una correlación entre la vejez, la añoranza y la decepción. Todo ello conlleva a la idealización de un pasado, donde "todo era mejor". Aunque no lo fuera. Nunca lo es. "Nostalgias"- me llamaste. Y luego decidiste esfumarte sin dejar sombra. Hay días así, en los que sueño que no soy yo. Pero luego despierto y es otro día más. Buenos días, silencio y el ordenador...