Aún recuerdo las noches en las que por más que quería no lograba conciliar el sueño, los ataques de ansiedad donde podía escuchar los latidos de mi corazón, como olvidar lo salado de las lágrimas que corrían por mis mejillas. Un dolor de cabeza exorbitante por el insomnio y las tantas pastillas para dormir que solo hacían efecto nocevo. Sentí que perdí la vida y que mi alma vagaba por el mundo, sobreviví a todo eso absolutamente sola y desde ese día siento que por mucho que llore la vida no hará pausa y que el tiempo no cura las cosas, sólo aprendes de ellas y a vivir con ellas.
Sí no morí en ese entonces!



















