Para mi lord:
Estoy celosa de personas que a lo mejor nunca existieron o nunca conoció.
Estoy celosa de las dueñas de sus versos.
Estoy celosa de sus musas.
Estoy celosa de todas las personas a las que sí ama.
Estoy celosa de a quien le dedica su tiempo, sus sentimientos, sus pensamientos.
Estoy celosa, mi lord, estoy celosa de las doncellas que han bailado con usted, que se han reído con usted y que se han besado con usted.
¿Cuándo piensa hacerle caso a esta pálida rosa que muere porque usted se gire a verla?
Porque usted, mi lord, con sus pocas palabras y su mucho misterio ha cautivado la atención de esta pobre princesa encerrada en su castillo.
Pero somos tan inalcanzables, separados por las fosas y los muros que rodean este castillo del que soy prisionera, no me queda más que verlo sonreír por otras doncellas más bellas, más cercanas, más agradables que su servidora; mientras pierdo mis pétalos en esta maseta a la que he denominado mi jardín.
Y tal vez, y solo tal vez, si algún día las fosas se secan y los muros se rompen, podríamos juntar nuestras manos, sonreírnos y mirarnos a los ojos para que se de cuenta de lo muy marchita que quedé por esperarle, de lo mucho que sufrí porque le quería y de que ya es muy tarde.
Y lloraremos cuando nos demos cuenta de como perdimos nuestras vidas, usted bailando con las doncellas y yo esperando a que viniera en mi rescate.
Mientras tanto no me queda mucho más que soñar y escribirle cartas que jamás le entregaré.
Siempre suya, la princesa que se cree poetiza.
















