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Le parece al soñador que cuanto más pequeños sean los seres, más activas serán las funciones. Viviendo en un espacio pequeño, viven en un tiempo veloz. Encerrando al onirismo, se le dinamiza. Un poco más y se podría proponer un principio de Heisenberg para la vida onírica. Las hadas son entonces actividades oníricas extraordinarias. Y si nos transportamos al nivel de las acciones minuciosas, éstas nos vuelven a traer al centro de la voluntad inteligente y paciente. Es por ello que las ensoñaciones liliputienses son tan tónicas, nos hacen tanto bien. Son la antítesis de las ensoñaciones de evasión que quiebran el alma. De esta manera, la imaginación minuciosa quiere inmiscuirse en todas partes, nos invita no sólo a entrar en nuestra concha, sino a introducirnos en todas las conchas para vivir en ellas el verdadero retiro, la vida enroscada, la vida replegada sobre sí misma, todos los valores del reposo. Tal es en efecto el consejo de Jean-Paul: “Visita el marco de tu vida, cada tabla de tu habitación, cada rincón, y ovíllate para alojarte en la última y la más íntima de las espirales de tu concha de caracol”. La insignia de los objetos habitados podría ser: “Todo es concha”. Y el ser soñador haría eco: “Todo me es concha. Soy la materia blanda que viene a hacerse proteger en todas formas duras, que viene, en el interior de todo objeto, a gozar de la conciencia de estar protegida”. Tristan Tzara, al igual que Jean-Paul, comprende ese llamado del espacio minúsculo: "Quien me llama en el agujero acolchado con granos de tela, soy yo, responde la tierra abierta, las capas endurecidas de paciencia inquebrantable, la quijada del piso de madera”. La gente razonable, la gente de una sola pieza, no tarda en acusar de gratuidad a semejantes imágenes. Un poco de imaginación miniaturizante basta para entender que es la tierra entera la que se abre y se ofrece en esa guarida minúscula, entre los finos dientes de la raya del tablado. Aceptemos pues los juegos de escalas y digamos junto con Tristan Tzara: “Soy el milímetro”. En el mismo libro podemos leer: “Agrandadas en el sueño de la infancia, veo muy de cerca las migas secas de pan y su polvo entre las fibras de madera endurecida al sol”. La imaginación, como la mezcalina, cambia la dimensión de los objetos. Sería posible hallar innumerables ejemplos de proliferación de la belleza liliputiense si se hojeara los libros científicos que han relatado, como si se tratara de hazañas, los primeros descubrimientos microscópicos. Es posible decir verdaderamente que al aparecer el microscopio fue el calidoscopio de lo minúsculo. Pero para seguir siendo fieles a nuestra documentación literaria, no demos sino una página en la que precisamente las imágenes de lo real afloran en la vida moral:
Tomar un microscopio compuesto y percatarse de que su gota de borgoña es en el fondo un mar Rojo, que el polvo del ala de las mariposas es el plumaje de un pavo real, el musgo es un campo de flores y la arena un montón de alhajas. Estas diversiones con el microscopio son más duraderas que los juegos de agua más costosos…Pero tengo que explicar esas metáforas mediante otras. La intención con la que envié La vida de Fixlein a la librería de Lübeck es justamente la de revelarle al mundo entero… que se debe acordar un precio mayor a las pequeñas dichas de los sentidos que a las grandes.
_ Jean-Paul Ritchter, "La vida de Fixlein", en Gaston Bachelard, "LA TIERRA Y LAS ENSOÑACIONES DEL REPOSO. Ensayo sobre las imágenes de la intimidad." Fondo de Cultura Económica. Jean paul Traducción: Rafael Segovia
Tra due persone accade che talvolta, molto raramente nasca un mondo. Questo mondo è poi la loro patria, era comunque l’unica patria che noi eravamo disposti a riconoscere. Un minuscolo microcosmo, in cui ci si può sempre salvare dal mondo che crolla.
- Martin Heidegger a Hannah Arendt
DESESPERACION
Aquí vamos, a voluntad del magnetismo entre Sol y su núcleo, sumergidos en una fuerza gravitacional que nos va haciendo vagar por el profundo lugar del cosmos, donde no habitan nada más que los seres humanos, ¿estaremos solos? La gran pregunta hasta del más utópico al más empírico, desazones quedan en la nada, a tanta fuerza de girar en el vacío estelar, somos cómplices de todos esos astros; que vemos en el cielo, que nos ilumina, si es de día o de noche, siempre seremos cómplices de esas reliquias celestiales que tanto nos acompañan en este solitario tiempo-espacio que vivimos. No quiero perder la esperanza, que como tanto a sido creciendo en lo que es proporcional con la cronología humana, esa sustancia equilibrista de millones de causas, siempre buscaremos, porque solo hay que creer que no estamos solos. Desde ese punto de quiebre, yacedor de todo lo que vemos, ese punto de inicio; ahí explotó todo que fue sumergiblemente agradable al agrado de todos los mismísimos dioses que conocemos. Él mismísimo dios Thot; pronunció ante su pueblo egipcio, que iba a bajar la única y poderosa odisea que se lleva todas las miradas en las noches, aunque a veces esté nublado, la Luna, cantó. Pero ningún dios a sido capaz de ir por ella. Nosotros fuimos en décadas pasadas pero sin ningún resultado para nuestra desolada soledad que sufrimos en este naufragio espacial. Giraremos millones de años luz más a través de gran poder gravitacional que nos impulsa; El gran Agujero Negro de la vía láctea, somos participes de su gran poder cuántico, que traspasa barreras de la teoría y todas las galaxias existentes, nuestro consuelo, sabiendo que todo termina ahí. Somos la ingrata especie de ser consientes en el planeta que circundamos y los últimos en enterarnos en realidad a que cosa giramos todo este tiempo, ya sea gravitacional o metafísico, estamos pecados por todos los dioses pero ninguno bajó a rescatarnos de este solitario sitio espacial. Somos prófugos de sus prioridades, ahí vamos, sin capitán en este gran concierto estelar, quiero ser cómplice por siempre de todas tus mañas tan complejas de descifrar, pero algún día te entenderé y esta nota quedará en el olvido o en el microcosmo que generamos al alterar cualquier conocimiento complejo, por siempre creeré en ti, Cosmos, acompañante de toda mi vida.
«L'anima è una sinfonia!
Osserva: tu hai in te il cielo e la terra» (Hildegarde von Bingen)
Dalle pietre e dalle piante fino agli arcangeli e fino a Dio, tutto ciò che ha un'esistenza nell'universo esiste anche nell'uomo. Per questo l'universo è chiamato macrocosmo (il grande mondo) e l'uomo microcosmo (il piccolo mondo). L'uomo è infinitamente piccolo, l'universo è infinitamente grande, ma tra l'infinitamente piccolo e l'infinitamente grande esistono innumerevoli corrispondenze.
Tutti gli organi del nostro corpo fisico, come anche quelli dei nostri corpi psichici e dei nostri corpi spirituali, hanno affinità con alcune regioni del cosmo. Ovviamente, non si deve immaginare che il cosmo possieda organi come i nostri, ma, nella loro essenza, i nostri organi sono in corrispondenza assoluta con gli organi del cosmo e, per la legge di affinità, possiamo toccare nello spazio delle forze e dei centri che corrispondono a certe forze e a certi centri in noi.
Omraam Mikhaël Aïvanhov
Microcosmo
Pensando e amando, em turbilhões fecundos És tudo: oceanos, rios e florestas; Vidas brotando em solidões funestas; Primaveras de invernos moribundos;
A Terra; e terras de ouro em céus profundos, Cheias de raças e cidades, estas Em luto, aquelas em raiar de festas; Outras almas vibrando em outros mundos;
E outras formas de línguas e de povos; E as nebulosas, gêneses imensas, Fervendo em sementeiras de astros novos;
E todo o cosmos em perpétuas flamas… – Homem! és o universo, porque pensas, E, pequenino e fraco, és Deus, porque amas!
Olavo Bilac