Nuestro propio meteorito
Las peores noticias vienen de considerar que casi todos los datos actuales que arrojan una perspectiva histórica de cómo ha evolucionado nuestro planeta en el más puro aspecto de eso que se llama ecosistema, nos ofrecen una visión catastrófica a gran escala… aun peor que las predicciones científicas más pesimistas de hace diez años al respecto de cómo estaríamos actualmente o de cómo será la vida de nuestros hijos dentro de 50 años. La revolución agrícola y ganadera experimentada ha permitido abaratar la comida hasta valores francamente insospechados frente a otras etapas de nuestro desarrollo. Esto ha permitido que las personas inviertan su dinero en otros bienes (moda, tecnología, transportes…) que al mismo tiempo requieren de la explotación de mayores recursos naturales difícilmente retornables. Cuestión que amplía la “necesidad” de un mejor y mayor estado de bienestar (o más bien comodidad) que a medida que se consigue favorece el crecimiento poblacional. Una pescadilla que se muerde la cola o un bucle de retroalimentación positiva infinito. Pero como digo, los recursos son finitos y su utilización repercute de forma importante en el clima, en la cantidad de terreno cultivable y, en definitivas cuentas, en el marcapasos del planeta que a este ritmo será incapaz de mantener los ciclos originales que posibilitaron el boom consumista. La población planetaria aumenta a un ritmo vertiginoso, y a medida que crecemos en número nuestra demanda de alimentos crece aún más. Es decir, ambos crecimientos (personas y alimentos) nos son proporcionales ya que la cantidad de energía que ingresamos per cápita es mayor cuando somos más que cuando éramos menos. Y a este hecho, ya preocupante de por sí, hay que añadirle que además comemos de forma diferente a medida que las distintas sociedades pretenden, algo muy legítimo, mayor bienestar a base de generar productos alimenticios, principalmente carne y derivados, que requieren el uso de más recursos finitos y preciados, entre ellos agua y energía para su producción.










