Octafonic en el Teatro Vórterix: Welcome to the machine
El double feature del pasado viernes 27 de octubre en el Teatro Vórterix tuvo como segundo plato a Octafonic. El versátil y revolucionario octeto se dio el gusto de volver a pisar el escenario de Colegiales y dejó en claro que la renovación y el movimiento son una constante impresa en su siempre intrépida genética.
Mientras el reloj superaba ampliamente las diez de la noche, la mayoría del público ya había terminado de ingresar al Teatro Vórterix. Luego del muy buen show de Todo Aparenta Normal, era el turno de Octafonic para mostrar sus armas en uno de los recintos más importantes del país, quedando el claro desde el inicio que la experiencia iba a ser radicalmente diferente a la entregada por sus colegas.
Que dos bandas con más diferencias que similitudes se hayan unido para realizar esta fecha es un elogio para la música, un mensaje que confirma la creciente versatilidad tanto del público en lo referido a la apertura mental como de los mismos músicos a la hora de encarar su trabajo. Cuando las luces se apagaron, el teatro quedó sumido en la más absoluta oscuridad, mientras la introducción de “Welcome To Life” comenzaba a hacer girar la rueda de la locura.
Con un estilo mucho más orientado hacia lo robótico, construyeron la melodía con la calidad de siempre, dándole toda la intensidad desde los vientos y sosteniendo la estructura con el punteo de la guitarra de Hernán Rupolo. El cierre abrupto llegó después de que Nico Sorín se pusiese por unos segundos en la piel de director de orquesta, enganchando “Plastic” sin perder siquiera un segundo. La réplica del público fue notable, cantando y saltando sin parar, aprovechando la adrenalina que generaron las luces en modo frenético.}
El jazz no tardó en hacerse presente, con el pañuelo verde por el Aborto Legal, Seguro y Gratuito temblando en el bombo de la batería, permitiéndose la banda cruzarlo con un poco de rock progresivo de la mano de un riff impecable que unió cada punto con extrema simpleza. La conexión con el funk llegó con “God”, pieza en la que las libres intervenciones de la batería, el bajo y el teclado confirmaron la renovación conceptual en la que siempre se encuentra Octafonic.
La primera oportunidad para tomarse un respiro la dio triste “Love”, que luego de un inicio en solitario por parte del frontman, ganó en potencia con el ingreso del sintetizador junto a la batería en medio de una lluvia digital ensordecedora. Los dejos de oscuridad que se vislumbraron en esta canción tomaron forma durante ese tándem conformado por “Rain” y “Physical”, sus dos nuevas creaciones, que poseen un notable manejo de los tiempos por parte del conjunto y que saben cómo llevar al oyente a través de una marea de sensaciones que se contradicen entre sí.
Ese clima carnavalesco medieval, de destrucción y construcción, llegó a su fin cuando sonaron los acordes de “Mystifying”, en la que invitaron a todos a transitar un camino que inicia con el funk, pasa por el jazz, toca con sutileza al heavy metal y termina en la locura bailable de la música disco original. La adaptabilidad de esta canción habla mucho de lo que puede dar Octafonic sobre el escenario, de esa idea de que antes que una banda corriente son un verdadero monstruo en un constante proceso de cambio.
Para la disruptiva “Sativa”, los vientos se llevaron todos los aplausos hacienda llegar la canción hasta el clímax absoluto. Industrial en su armazón, pero jazzera -basada en el juego libre- al mismo tiempo, fue otro fiel reflejo de esa combinación entre luz y oscuridad que suele entregar Octafonic. Entretener sin entregarse a los mandatos del género y estilo, simplemente siendo ellos mismos en toda su esencia, algo que se replicó en “Mini Buda” (velocidad pura digna del mejor speed metal con algo de free style sobre el final) y en la cada vez más extensa y compleja “Monster”, que tuvo como frutilla del postre un muy buen solo de Piazza desde las alturas.
Para la retirada eligieron “Over” y “What”, consiguiendo el objetivo de terminar su setlist con la casa literalmente patas para arriba. Cuando parecía que solo quedaba tiempo para la foto, Todo Aparenta Normal se subió a las tablas para hacer en conjunto una excelente versión de “Hey Bulldog” de The Beatles, terminando todos abrazados en una postal que representó a la perfección lo que fue la noche en el Teatro Vórterix.
Dentro de un océano de virtudes, Octafonic tiene como punto clave su capacidad para reinventarse en pleno movimiento, aprovechando una base que de por sí es aventurera, de altísima calidad y por completo rebelde. Si alguien pensaba que ocho músicos que en su mayoría provienen del ambiente más clásico no podían llevar consigo el espíritu de leyendas como Frank Zappa y Faith No More, es porque no se ha tomado el tiempo de ver en qué anduvieron Nicolás Sorín y compañía en estos tres años de crecimiento exponencial.
Psicodelia y calidad. Ritmos con potencia y sofisticación. Sintetizadores, doble bombo, voces guturales y arreglos de vientos. Octafonic pasó por Rosario, y dejó muy en claro que, en la música, es posible siempre un poco más.
El pasado 2 de junio la cita estaba pactada: la numerosa banda que se define a sí misma como “el proyecto más jazzero del rock’n’roll y el más rock’n’rollero del jazz” pisaría una vez más tierras rosarinas, para desplegar todo su arte en una noche única, donde se respiraba que se estaba siendo parte de algo muy grande.
La banda saltó al escenario alrededor de las 11 pm y disparó sus primeros cartuchos entre canciones de sus dos producciones discográficas, fue así que le llamaron, en palabras de Nico Sorín, “híbrido” a esta primera parte del show. El punto más alto fue “God”, un tema del más reciente disco «Mini Buda» (2016).
Entre canción y canción la banda contribuyó a brindar un clima amistoso, con bromas entre los integrantes, sobre todo entre Nicolás Sorín y Tano Bonadio, que se divirtió comentando a cada cosa que decía el cantante al público.
A esta altura, Nicolás Sorín anticipó que en el show iba a haber “un híbrido”, seguido de “el momento bailable”, “baladitas” y “el apocalipsis”.
El momento bailable se largó antes de las 23:30, con “Sativa” como detonante, y que efectivamente, puso a bailar a todo el Vorterix. A este tema lo siguió “Monster”, que fue definitivamente la estrella de la noche, y la canción que marca la diferencia, y que todo seguidor de la banda espera cuando asiste a un recital de Octafonic.
Hacia el final de Monster, Nicolás se puso en las botas de una especie de director de orquesta y animó a la gente a ser parte del espectáculo. Estar envueltos en esto, sin dudas, fue lo mejor de la noche para las personas que estábamos en el público.
Una carta importante de la velada fue el hecho de que no sólo estábamos asistiendo a escuchar canciones que nos gustan o acompañan; estábamos presenciando a ocho virtuosos que saben lo que hacen, y no sólo eso, lo disfrutaban y nos invitaban a participar.
Esto último se comprobó en el intermedio, donde Ezequiel Piazza demostró sus dotes ‘baterísticos’ con un fill interminable, a él se sumaron algunos de sus compañeros de banda, haciendo sonar, para el delirio del público, entre tres personas tanto la batería como el drumpad.
Un rato antes de las 12 pm, después de la presentación de la banda, llegaba el momento de las “baladitas”. El puntapié a esta sección fue “That’s Ok”, en la que Nico Sorín se plantó ante el público frente al piano, entonando los versos haciéndonos olvidar por un momento de que era la misma banda de voces sintetizadas y psicodelia.
Después de esto llegó “el apocalipsis”, con algunos de los temas más esperados. Primero “Mini Buda”, corte difusión de su disco más reciente, tema con el que se despidieron, para volver a saltar a escena algunos minutos después con “Over” y “Wheels”.
En fin, Octafonic es una banda que lo tiene todo para ser enorme. No se conforman sólo con hacer buena música o sonar bien en vivo. Toda la experiencia que conlleva el ir a un recital de Octafonic, desde las luces, pasando por los chistes entre los miembros de la banda, Nicolás Sorín como quien lleva la batuta en este circo, donde todos los miembros de la banda se desarman como monigotes bailando detrás, hasta la expectativa de cómo será que plasmarán toda la complejidad de las canciones del disco al vivo, los hace algo irrepetible, y una parada más que recomendable ya seas rockero, jazzero, o simplemente amante de la música y de un buen espectáculo.
Crónica: Elías Gómez
Fotografías: PH Florencia Bosio
Podés ver el álbum completo de fotos haciendo click acá
Agradecemos a Maia Rizza Prensa y difusión por acreditarnos.
Lugar: Teatro Vorterix (Av. Federico Lacroze 3455, Colegiales, CABA).
Horario: Puerta 20:00 h
Viernes 02 de septiembre
Lugar: Pugliese (Corrientes 1530), Rosario.
Horario: 22:00 h
Mini Buda es el segundo disco de OCTAFONIC. La banda liderada por Nicolás Sorín hace la presentación oficial de su segundo trabajo en el Teatro Vorterix luego del éxito de Monster, su logrado álbum debut que obtuvo 2 Premios Gardel.
"La osadía musical más rockera del jazz y más jazzera del rock"
OCTAFONIC está integrado por:
Nicolás Sorín: voz, coros, synths, wurlitzer, piano & kazoo.
Cirilo “Chibi” Fernández: bajo, contrabajo, farfisa y coros.
Ezequiel “Chino” Piazza: batería.
Juan Manuel “Truli” Alfaro: saxo alto, tenor, soprano & clarinete.
Francisco Huici: saxo barítono, banjo.
Leonardo Paganini: saxo tenor.
Leo Costa: Sintetizadores.
Mariano “Tano” Bonadio: SPD, percusión y coros.
Hernán Rupolo: guitarra eléctrica, guitarra acústica y coros.
Podés conseguir tus entradas haciendo click acá:
- Para el show en CABA: http://www.ticketek.com.ar/octafonic/teatro-vorterix
- Para el show en Rosario: http://www.superentrada.com.ar/octafonic/ y también en Music Shop (Sarmiento 780).
Aprovechá los tickets con descuento especial de RosarioRock.com para este show. Todos los descuentos en www.rosariorock.com/agenda/ticketsRR/
Eventos en Facebook:
- Octafonic en CABA: https://www.facebook.com/events/1120396978040414/
- Octafonic en Rosario: https://www.facebook.com/events/547276382141976/
¡Bienvenidos a una nueva reseña! En este caso le toca el turno a «Mini Buda», el nuevo disco de los argentinos Octafonic. El segundo disco de este incatalogable y descontracturado octeto ya es una realidad, y ¡vaya realidad! Si fuimos cautivados por su placa anterior, que goza de grandes críticas y de una recepción más que positiva, y que colocó a la banda en el lugar privilegiado que hoy ocupa, esta nueva entrega es el sucesor perfecto. Este versátil trabajo cuenta con elementos de tango, electrónica y funk, desplegados sobre una base de jazz y rock, y acoplados de modo que quien escucha note que el talento sobresale en este grupo y que nada fue tomado a la ligera en la composición, grabación o mezcla. A la primera escucha podemos disfrutar plenamente de cada canción, pero si prestamos atención, descubrimos pequeños detalles sonoros que se prestan a un análisis profundo que cada oyente debe realizar. En comparación con su predecesor, «Monster» (2014) es menos ecléctico, sigue una línea más progresiva, pero sin caer en la repetición de recursos; cada canción es completamente diferente a la anterior. Sin embargo, dentro de la progresión del disco no hay un elemento que no concuerde con el resto.
Luego de esta breve invitación a escuchar el disco, pasemos a destriparlo tema a tema.
El disco comienza con una pieza introductoria instrumental (si bien tiene voz, solo se trata de la repetición de la palabra “Hello”), titulada Welcome to Life, que va creciendo de forma constante e introduce a los vientos a través de una melodía pegadiza que nos invita a escuchar el resto del disco. Cualquiera que escuche esta canción puede fácilmente imaginar un recital de Octafonic comenzando de este modo.
El segundo corte, Mini buda, es el corte difusión del disco. Con un ritmo pegadizo, un sonido rockero, y un tempo que invita a moverse, esta canción es una gran descarga energética. El ritmo aumenta a lo largo de la canción, y termina sobre una base de batería digna del hardcore californiano.
En tercer lugar, Tv baja un poco las revoluciones, con un sonido que evoca un poco más al rock británico tradicional, o al rock alternativo/indie, y por momentos recuerda a canciones de bandas como “Ok Go” o “Weezer”, pero con el inconfundible sello de esos sonidos en segundo plano que llenan la canción y le dan otro enfoque, algo a lo que Sorín ya nos tiene acostumbrados.
God, cuarta canción de este disco, está más enfocada hacia el Synth Pop de los 80’ y 90’, pero con calidad 2016 y esos pequeños cambios y agregados que le dan un toque especial.
La quinta canción del disco, titulada Sativa, es bastante única, tiene un ritmo electrónico/funkie que evoca a las mejores épocas de Jamiroquai y tiene arreglos de vientos que acompañan a lo largo de la canción, que suman muchísimo y deleitan. Cabe mencionar que en los coros participan como invitados Eduardo Giardina y la frontwoman de Eruca Sativa, Lula Bertoldi (¿Será el nombre del tema una mera casualidad?).
Ya en la segunda mitad del disco nos topamos con una canción bastante ecléctica y difícil para oídos que no tengan costumbre de salir del tempo de 4/4. What es una canción con una gran parte compuesta en 7/8, por lo que salta al oído la diferencia con el 90% de las canciones que uno ha escuchado en su vida. Además de esto es bastante pesada y energética. Cabe destacar que esta canción cuenta con la participación de Tito fuentes, flamante integrante de Molotov.
En séptimo lugar en la lista nos encontramos con That’s ok, una balada que, una vez más, peco de repetitivo pero debo decir que tiene el sello de la banda, los vientos agregados en forma perfecta, no sobra ni falta nada, y el piano que sobresale como en ninguna otra canción del disco. Con la estructura clásica de una balada, no deja de conquistarnos con facilidad.
Arribando al final de esta nueva placa, Nana Nana es la penúltima canción de este disco… Y es muy… MUY versátil, podemos decir que tiene cortes jazzeros, tiene partes similares al bluegrass norteamericano y partes pesadas, pero es completamente disfrutable, y quizás una de las canciones más divertidas del disco.
Para finalizar, tenemos Slow down, una canción que si bien comienza con una base electrónica, goza de una mutación en la que aparecen los elementos restantes de la banda y se vuelve un frenesí entre rock tradicional y cortes dignos del metal hacia el estribillo. La canción se carga de energía hacia el final y termina dejándonos con ganas de más.
En fin, un álbum corto pero súper efectivo, que creo que logra saciar la sed de aquellos que ansiaban escuchar algo nuevo de parte de Octafonic, y además, un disco brillante que invita a aquellos que no conocen a la banda, a este camino de ida de una agrupación con un sonido incomparable y único, elaborado por eruditos de los géneros clásicos que se tomaron el atrevimiento de arriesgarse y fusionarlos con las nuevas tendencias, e invitarnos a deleitar nuestros oídos con esta obra maestra.
Fecha de lanzamiento: 15 de julio de 2016
Sello discográfico: S-Music
Reseña por: César Corrales
Puntaje: 8/10
¡No te pierdas la presentación por primera vez en vivo de este álbum el 19 de agosto en el Teatro Vorterix!
Más info en el evento oficial de Facebook: https://www.facebook.com/events/1120396978040414/