Bajar es lo peor, es lo que pensó Manu esa mañana de calor, su abuela trabaja como seguridad de ese rectángulo grande alto de la avenida principal, su oficina en el piso 19, él con lento caminar sube piso a piso. En el piso 4 Sinai hace ejercicio, mira su celular siguiendo la rutina que YouTube le indica, cuatro repeticiones de pierna, 5 sentadillas, piensa en la cena y que ropa vestirá. Pisos arriba Lexi, la gata callejera mira con atención al tordo que posa en el ventanal del piso 7 esperando un descuido. Dentro en ese mismo nivel departamento 2, Ruth llora en el baño escondiéndose de su hija, odio y amor de madre. ¿Es que nunca podrá estar acomodada la casa? ¿tener su uñas arregladas y el pelo peinado?. Manu encontró el elevador vacío en la estancia por allí del piso 15, faltaban 4 pisos para llegar a su destino, sintió un dolor en el costado izquierdo, quizá de ese lado recibió el impacto del accidente en moto el joven que desde el norte hace algunos años le donó un pulmón o solo es este cuerpo débil que la genética le dio, la herencia le dijeron los médicos una mañana nublada sin viento y fría hace 11 años. Apachurró el número 66 el destino esta para cambiarse, recordó su audífonos y puso aleatorio. El Arquitecto del piso 37 él que tiene su estudio, mira por la ventana obsesionado con las formas de los paisajes urbanos, a lo lejos el bosque, después los edificios del sur, a veces los volcanes. Alguien compra los juguetes para un regalo sobre la calle de enfrente del edificio, una migrante limpia el departamento del piso 41 el que esta lleno y vacío, el que no tiene cortinas por el lado del este. Manu ha llegado a lo mas alto, el aire frio de las alturas punza en la cara, piensa en cuantos departamentos vacíos hay en el edificio e imagina ser el dueño de uno, hoy podrían cenar allí, pero a abuela le toca guardia, hay trabajos que no paran, hay que estar atentos. Manu sintió la necesidad de volar, recordó el poema que escucho por la mañana en la televisión, lo releyó en su celular, el horizonte infinito de casas, el sol de las 10 quemante como lo es en primavera, los dolores desaparecieron por un instante. Con voz firme recito: