después de tanto tiempo... el volver a casa, jamás se había sentido tan bien como en ese instante. sus pasos resuenan quedos y amortiguados por el pasillo, a medida que avanza y un viejo cocoa le persigue frotándose entre sus piernas en su camino a la habitación de su esposo. para esa hora de la madrugada debe de estar profundamente dormido al igual que sus hijos, al no saber de que regreso y mucho menos de que, de la nada, aparecería de nuevo en su hogar. hyuk lo había tratado de mantener como una sorpresa después de tanto tiempo fuera por el trabajo y esperaba que, al menos, le resultara bien. por que a pesar de que sus hijos fuesen lo más importante en su vida, dongyeol significaba algo que era imposible de explicar y antes de ver a sus pequeños, deseaba ver con todas su fuerzas el rostro del amor de su vida. de sentirlo entre sus dedos, de besarlo y tenerlo entre sus brazos. es por ello que con la delicadeza que le fue brindada ingresa a la habitación, apenas haciendo ruido al abrir y cerrar la puerta tras descubrir a su esposo en la cama; silencio invadiendo la estancia, a excepción de las respiraciones quedas que brotan de su pequeño cuerpo.
una sonrisa se curva casi de inmediato en sus carmines y avanza hasta el borde de la cama, en el costado derecho donde duerme un ángel respetando el espacio libre y pulcro que le corresponde a él. ¿como es que siquiera pudo haber estado tanto tiempo lejos de él? si es cierto que tuvo suficiente con pasar veinticinco años sin él dentro de su vida. suspira y poco a poco se hinca junto a la cama, apoyándose sobre sus rodillas para quedar a la altura de un bello rostro durmiente; labios abultados y entreabiertos, pequeños y finos ojos cerrados plácidamente. ¿cuantas veces se quedó dormido pensando justamente en esa imagen? hyuk sabe que se trata de un número incontable, por que durante todo el tiempo que estuvo fuera... no hubo día que no pensara en su esposo durmiendo a su lado, justo como en ese momento. dedos marcan entonces un camino lento hasta tocar su mejilla y el simple tacto lo deleita y lo hace sentir nuevamente completo, lleno. ‘ estoy en casa, mi amor... ’ susurra quedito, sin intenciones de interrumpir el sueño ajeno. ‘ te he extrañado tanto. ’