SIN PRINCIPIOS Afra, eres una mujer muy valiente. Bravo por ti Afra! me sorprende tu dialéctica tan directa y tan verdad. Grande, documentada y con conocimientos….!!!Esa es Afra. @AfraBlanco Grande 👏👏👏👏👏👏 Video publicado por SisuMisu🔻 @SisuMisu3

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SIN PRINCIPIOS Afra, eres una mujer muy valiente. Bravo por ti Afra! me sorprende tu dialéctica tan directa y tan verdad. Grande, documentada y con conocimientos….!!!Esa es Afra. @AfraBlanco Grande 👏👏👏👏👏👏 Video publicado por SisuMisu🔻 @SisuMisu3
"Los peces y los árboles se parecen. Se parecen en los anillos. Si hiciéramos un corte horizontal a un árbol veríamos sus anillos en el tronco. Un anillo por cada año transcurrido, es así como se sabe la edad del árbol. Los peces también tienen anillos pero en las escamas. Y al igual que sucede con los árboles, gracias a ellos sabemos cuántos años tiene el animal. Los peces nunca dejan de crecer. Nosotros no, nosotros menguamos a partir de la madurez. Nuestro crecimiento se detiene, y los huesos comienzan a juntarse. El cuerpo se encoge. Los peces, sin embargo, crecen hasta que se mueren. Más rápido cuando son jóvenes y, a partir de cierta edad, más lentamente, pero sin dejar nunca de crecer. Y por eso tienen anillos en las escamas. El anillo de los peces lo crea el invierno. El invierno es el tiempo durante el cual el pez come menos, y el hambre deja una marca oscura en sus escamas porque su crecimiento es menor durante esta época. Al contrario que en verano. Cuando los peces no pasan hambre, no queda ningún rastro en sus escamas. El anillo de los peces lo crea el invierno. El invierno es el tiempo durante el cual el pez come menos, y el hambre deja una marca oscura en sus escamas porque su crecimiento es menor durante esta época. Al contrario que en verano. Cuando los peces no pasan hambre, no queda ningún rastro en sus escamas. El anillo de los peces es microscópico, no se ve a primera vista, pero ahí está. Como si fuera una herida. Una herida que no ha cerrado bien. Y como los anillos de los peces, los momentos más difíciles van marcando nuestras vidas, hasta convertirse en medida de nuestro tiempo. Los días felices, al contrario, pasan deprisa, demasiado deprisa, y enseguida se desvanecen. Lo que para los peces es el invierno, para las personas es la pérdida. Las pérdidas delimitan nuestro tiempo; el final de una relación, la muerte de un ser querido. Cada pérdida es un anillo oscuro en nuestro interior."
Bilbao-New York-Bilbao, de Kirmen Uribe
"- Odio els turistes. Els afusellaria a tots.
Dic això i amago panxa. Amago panxa perquè acaben d’arribar a la platja sis noies adolescents, que no em veuen. Per elles, la gent que té més de vint-i-cinc anyes és invisible. Els que en tenim més de trenta-cinc tornem a ser visibles, però només per a propòsits mofatoris. “Mira, mira, un dinosaure”. “Avi, com era el poble el 1916, quan vosté era jove?”. Maleïts siguin.
Amagant panxa se m’ha posat la cara de color lila, així que no escolto el que em diu la meva dona, la Taronja. Ella és de color taronja, però va néixer així; no és del sol, ni de fer l’idiota com jo. El meu fill, que va néixer fa nou mesos, l’octubre de l’any passat, també és taronja. Aquí, l’únic que sembla un membre dels Chunguitos o Bordón 4 sóc jo."
L’home intranquil, de Kiko Amat.
"Eran jóvenes, instruidos y vírgenes aquella noche, la de su boda, y vivían en un tiempo en que la conversación sobre dificultades sexuales era claramente imposible. Pero nunca es fácil. Acababan de sentarse a cenar en una sala diminuta en el primer piso de una posada georgiana. En la habitación contigua, visible a través de la puerta abierta, había una cama de cuatro columnas, bastante estrecha, cuyo cobertor era de un blanco inmaculado y de una tersura asombrosa, como alisado por una mano no humana. Edward no mencionó que nunca había estado en un hotel, mientras Florence, después de muchos viajes de niña con su padre, era ya una veterana. Superficialmente estaban muy animados."
Chesil Beach, de Ian McEwan.
"A ese sentimiento desconocido cuyo tedio, cuya dulzura me obsesionan, dudo en darle el nombre, el hermoso y grave nombre de tristeza. Es un sentimiento tan total, tan egoísta, que casi me produce vergüenza, cuando la tristeza siempre me ha parecido honrosa. No la conocía, tan sólo el tedio, el pesar, más raramente el remordimiento. Hoy, algo me envuelve como una seda, inquietante y dulce, separándome de los demás."
Buenos días, Tristeza, de Françoise Sagan.