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@elbauldelapiquer
Ya ha llegado a casa Blitz de David Trueba.
Cuando tuviera noventa años, seguiría queriéndola, como a la mujer del poema de Yeats:
Cuando seas una vieja canosa y modorra,
y cabecees junto al fuego, toma este libro,
léelo despacio y sueña con la tierna expresión
que hubo antaño en tus ojos, y con sus sombras profundas;
muchos amaron tus momentos de gracia radiante,
y amaron tu belleza con amor verdadero o falso,
pero hubo uno que amó tu alma de peregrina
y amó el dolor de tu rostro cambiante.
Sueños de Bunker Hill, de John Fante.
- Pero Lisa, un viejo amor es como una botella vacía de champán. ¡No la rellenas, te compras una nueva!
Come September, de Robert Mulligan.
Despertar con Maybe es coger al domingo por las solapas y decirle a los ojos que va a ser tuyo y sólo tuyo.
No bajar el ritmo, desayunar novela negra, intercalar los bocados a la tostada con cualquier trama de González Ledesma.
Abrirle la puerta de casa a Cary Grant, recibirle con una coqueta caída de pestañas, y dejar que la haga toda suya con Vivir para gozar.
El cigarrillo de después de los Pixies.
Solicitar la vacante que deja Audrey Hepburn en la hermosa librería de Cara de ángel. Solicitar también la propiedad del peldaño de su escalera donde se roban besos.
Cantar para todo el edificio Emborracharme mientras se oyen caer los hielos para el vermut con aceituna.
Guiñarle el ojo al hombre de la casa para que baje a comprar castañas asadas, a la subida hacerle hueco en la trinchera de debajo de tu manta.
Pinchar en el tocadiscos Etta James y olvidar que oscurece a una hora demasiado decente.
En esta tarde de domingo os confesaré que el Lynch que me sacude de arriba a abajo es el de Una historia verdadera; esa historia que le aterra a su director porque es todo lo que no es, pero sí lo que le gustaría ser.
Desenvolver con cautela Almas grises, me han amenazado con retirarme la palabra si lo dejo a medias.
Sentar al piano a Bill Evans y que se apague el día con la última nota.
Texto publicado previamente en La culpa es del script.
"Tú llegas frente al cine Balmori, la catedral sonora en la avenida del sonorense general. Subes las escaleras de piedra a la taquilla en el primer vestíbulo, brillantemente iluminado. Recoges tu boleto, asciendes ahora por escalones de mármol, tomado de la balaustrada dorada de bronce pulido al foyer semicircular, de maderas lustrosas, espejos de marco dorado, puertas de espejos biselados, y entras a la sala repleta, su lunetario y sus balcones blancos y esculpidos con las alas de un ángel luminoso. Todo brilla, el mármol se refleja en el bronce, el yeso labrado en los vidrios, la madera barnizada en los espejos. El cine es más que eso, todo eso lo convierte en el palacio de plata, la cueva brillante de tus sueños, donde las luces se apagan lentamente, la cortina se aparta, la pantalla se llena de luz propia, Vilma Bánky es arrastrada por un borzoi, John Gilbert acaricia la cabellera orgásmica de Greta Garbo, Gloria Swanson te da sus ojos envenenados y Lillian Gish su aureola de santidad, Janet Gaynor te vende una humilde flor, Clara Bow te abre los labios y tú sueñas despierto."
Pantallas de plata, de Carlos Fuentes.
Hay ciertas cosas que no están permitidas, tales como beber Dom Pérignon del 53 a una temperatura superior a los 4 ºC. Es tan malo como escuchar a los Beatles sin taparse los oídos.
James Bond, evidentemente, en Goldfinger.
"Eduardo Muriel tenía un bigote fino, como si se lo hubiera dejado crecer cuando el actor Errol Flynn era un modelo y luego se le hubiera olvidado enmendarlo o espesarlo, uno de esos hombres de costumbres fijas en lo relativo a su aspecto, de los que no se enteran de que pasa el tiempo y las modas cambian ni de que van envejeciendo –es como si eso no les incumbiera y lo descartaran, y se sintieran a salvo del transcurso -, y hasta cierto punto llevan razón en no preocuparse ni hacer caso: al no acoplarse a ella en lo extremo acaban por no asumirla, y así los años, temerosos –se envalentonan con casi todo el mundo -, los rondan y los bordean pero no se atreven a adueñarse de ellos, no se asientan en su espíritu ni tampoco invaden su apariencia, sobre la que tan sólo van arrojando una muy lenta aguanieve o penumbra."
Así empieza lo malo, de Javier Marías.
"... y lo convencía con razones y explicaba a qué sabían las cosas y que la leche era buena para los huesos que lo mantenían de pie, igual que los yogures, y que la carne imprimía fuerza a sus músculos y que el chocolate le daría alegría para reírse y la lechuga le iba a ayudar a dormir. Mentiras, invenciones. Inventar una mentira para convencer a un niño es una formar de quererlo."
Black, black, black, de Marta Sanz.
Nos han robado tantas cosas. Las veces que tú y yo debimos hacer el amor y no lo hicimos. Los libros que debimos leer. Las cosas que debimos pensar. Qué sé yo. Pues eso. Todo eso es lo que no les puedo perdonar. No sé, pero me parece que es como si nos hubiese quedado colgado. Como aquellas asignaturas que quedaban pendientes de un curso para otro. Como si no hubiésemos acabado la carrera. Y además sé que nos vamos a morir sin acabarla.
Asignatura pendiente, de José Luis Garci.
"- Ésa es Anna Soren - me susurra Billy.
La reconozco, ha sido una actriz famosa. Los escombros de una gran estrella. Labios estrechos. La cara de una bebedora impenitente. Continuamente se apila el pelo con las manos y luego lo suelta. Se ríe, pero en silencio. Todo discurre en silencio: está hecha de ayeres."
Juego y distracción, de James Salter.
- Toda mi vida me he quedado demasiado tiempo en las fiestas porque no sabía cuando era el momento de irse.
Summertime, de David Lean.
(La Hepburn está especialmente bella en esta locura de verano, totalmente a la altura de Venecia y al estilismo de la rubia).
"Porque el maquillaje enmascara al tiempo que guarnece los órganos sensoriales, al menos, atención al detalle, los que tienen varios usos. La boca, por ejemplo, que respira y que habla y come, bebe, sonríe, susurra, besa, chupa, lame, muerde, sopla, suspira, grita, fuma, hace muecas, ríe, canta, silba, hipa, escupe, eructa, vomita, espira, la boca se pinta, qué menos, como un homenaje por desempeñar tantas funciones nobles."
Me voy, de Jean Echenoz.
"No pienso en la vida nunca volver, pues sé muy bien que la nostalgia de un lugar sólo enriquece mientras se conserva como nostalgia, pero su recuperación significa la muerte."
Lejos de Veracruz, Enrique Vila-Matas.
Lauren Bacall, Key Largo (1948).
"Mario me contó que trabajaba en ese tiempo en la radio francesa, y empezaba a las diez de la noche, que luego volvía a casa y se ponía a trabajar de tal hora a tal hora, eso leí también que hacía García Márquez, que decía que tenía unos horarios fijos para escribir. Yo eso no lo concibo, me parece admirable tener eso. Entonces yo le dije a Mario: mira, lo que pasa es que tú tienes un amor conyugal con la literatura, tú estás obligado a cumplir con tu señora esposa y yo tengo un amor de pasión, absolutamente no conyugal, y entonces hago el amor porque me da la gana, cuando tengo ganas. De la misma manera escribo cuando me da la gana. Yo no podría escribir de tal hora a tal hora, yo escribo, yo qué sé, estoy leyendo un bodrio policial y de golpe me viene el ataque y agarro y escribo."
Onetti sobre Vargas Llosa y qué tipo de amante es para cada uno de ellos la literatura.
Artículo completo de Juan Cruz: http://cultura.elpais.com/cultura/2014/05/28/actualidad/1401302769_803656.html
"Llegamos a las morenitas de escotes blancos, niñas Chole que llevan mayo en la mirada y enero en el corazón y que, ¡ay!, mueven ligeramente los labios al leer y consiguen a la semana de vivir con ellas que les grites como si fueras su marido; y qué decir de esas rubias del frasco que beben directamente de la botella y que cuando alguien les pregunta por qué se casaron con ese camarero idiota, responden: “llovía y estaba en Pittsburg”; pelirrojas con uñas afiladas de verdad (nada que ver con las de Flo Griffith), y bocas del tamaño de Esto es Cinerama, o sea, muñequitas que parecen inofensivas pero que te conducen directamente al peligro, al insomnio, a la muerte, o te dejan malherido de por vida, que significa que ya no vuelves a reírte con ganas. ¡Uf!, perversas del cine negro a las que no les interesa tu infancia, ni siquiera una de esas fotos medio rotas en que, con tres años, miras desconcertado a tus malhumorados padres en la playa, ¡uf!, gatitas crueles que logran hasta que desconfíes del amor que sientes por ellas mientras las besas y abrazas. Siempre he creído que el borde de sus escotes es tibio y ligerísimamente húmedo, como los de las chicas que le gustaban a Gatsby. Pero todavía es mejor cuando llevan vestidos de algodón y adivinas sus muslos duros, como, por ejemplo, los de Virginia Mayo en Al rojo vivo. Me chiflan. Con su ojo bueno y su ojo malo, igual que las heroínas de los cuadros de Picasso, todas graduadas en Maldad University ( lo que Dios y la maldad han unido, no lo separa nadie); todas dispuestas a enseñarte que el amor casi siempre es coda de uno y pocas veces de dos o tres."
NOIR, de José Luís Gaci.
- Ella, Billie Holiday, el desgarro hecho voz, colándose entre las sábanas para hacerte cosquillas con Lover Man, o cómo sonreír antes de abrir los ojos.
- Deshacerte de la pereza metiéndote Buddy Guy en vena.
- Saltarte el desayuno para salir a por Operación dulce, inmediatamente, Ian McEwan ha vuelto y vosotros sin avisarme.
- El domingo es el día del señor, es hora de misa de doce y en mi casa Elvis sigue siendo el rey.
- Se ha quedado un día maravilloso para poner en la balanza si saltas al ruedo y te cortas la coleta, retando faraónicamente a Sansón.
- Si el otoño es época de volver a creer en el amor, yo creo en El hombre tranquilo y en John Wayne con su pelirroja, no sé vosotros.
- Acérquense, tengo un secreto: fileteen un aguacate sobre un mollete pintado con solmorejo y dejen caer generosamente jamón sobre él, luego saboreen ese manjar como si dispusieran de la eternidad. Si suspiran me hago responsable.
- Tras unas pocas páginas de Noir, pocas, porque los libros de Garci se tienen que leer a sorbos, degustando cada línea hecha cine, ponerte Perdición para que ese tocado acabe en hundido.
- Esconderse de este incipiente frío en el jersey de él y en Just like honey.
- Llega la noche, yo cierro los ojos, pero tú susúrrame al oído, recuérdame que soy la más bonita de las mujeres…
Texto publicado previamente en La culpa es del script.