"El eterno silencio de estos espacios infinitos".

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"El eterno silencio de estos espacios infinitos".
Todo va tan rápido... Los días se escapan de las manos, estás aquí y cuando te quieres dar cuenta, aquí ya no está, pero tú sigues ahí, preguntándote y sintiendo lo mismo que hace diez años, cuando tu ahora está girando en todas direcciones, en todos los ámbitos, a todas horas. Y no puedes pedir ayuda al ayer, porque en algún momento que no logras recordar con seguridad, aprendiste de las curas mal elegidas. Sin ayer, sin aquí, sin ahora... Te hallas.
"Es mejor ser una criatura humana insatisfecha que un cerdo satisfecho; es mejor ser Sócrates insatisfecho que un loco satisfecho". - Stuart Mill
"El sabio que se conduce razonablemente y no escoge lo que pueden ser solo aparentes placeres logra una vida más tranquila y feliz". - Epicuro
Los primeros encuentros son el ejemplo perfecto. Caminas por una calle en un día cualquiera, con un humor cualquiera, yendo a un lugar cualquiera que frecuentas. Entras a un bar cualquiera, pides una bebida cualquiera y el camarero, que podría ser cualquiera, se presenta y te deja su número en la cuenta. No le llamarás y evitarás el volver a pasar por allí. Quizá la belleza está en lo que no permanece.
Se pueden extrañar muchas cosas, se puede ser un extraño... Pero hoy vengo a extrañar la casa que guarda todos mis malos recuerdos. El apego a lo material no creo que pueda considerarse existente, lo material se apega a nuestro día a día y se encapricha con nuestras vivencias hasta conseguir quedárselas y hacerlas suyas. Pongamos por ejemplo el puente de la estación que tanto frecuentaba los días que vivía en dicha casa. Salir del tren con un cigarro en la mano, mirar al reloj, solo si el destino era Guadalajara, porque quedabas frente a él. Buscar el mechero e inhalar una calada de vacío y resignación para el día. Maldecía ambos puentes al principio, más tarde, allá por febrero, tenía una especial preferencia por el blanco. No solo porque tuviese rampa (la cual subía cada día puesta de sedantes), sino porque me traía el recuerdo de lo que quedaba cerca del puente que se veía más allá, el verde. Si te daba por caminar hacia él, te encontrarías con que los muros cercanos a las vías estaban llenos de cristales de diferentes colores en la superficie. Gracias a ello me ahorré saltarlos y cruzar las vías con una guitarra y una botella en la mochila, (dos euros tú, dos euros yo). Si recuerdo mi casa antigua, recuerdo aquel puente blanco, que me trae el recuerdo del puente verde, que me trae el recuerdo de aquel día que descubrí los cristales de colores y la belleza de lo urbano. A su vez, recuerdo el recorrido del 5, lo que me lleva a un beso en un paso de peatones, con el semáforo en rojo para los transeúntes. Y esto a aquella noche, en la que por la tarde escuchaba "Electric bloom" desde el móvil del tipo que escribía películas en la clase de los viernes, y los libros de inglés, el viaje de la semana pasada... Mi casa antigua me trae recuerdos dulces, amargos, vomitivos. Cada día, intenso, llegaba después de conocer algo completamente nuevo, cargado de... de lo que sea que fuese eso, me paraba al final de las escaleras (cuatro pisos sin ascensor) y observaba aparcar a algún vecino, o el aparcamiento quieto, con el viento como único aliado del movimiento, del tiempo. Tengo alguna que otra fotografía carente de viento que de vez en cuando me da por buscar... En fin, vengo a decir nada. Extraño, extraño, extraño. Realmente quizá la vida consista en crear recuerdos sobre los que luego suspirar. Y, si de eso se trata, todos los guiones almacenados en cuadernos... Bueno, pues, una vez más, carecen de importancia.
Un viejo indio decía a su nieto: "Me siento como si tuviera dos lobos peleando en mi corazón. Uno de los dos es un lobo enojado, violento y vengador. El otro está lleno de amor y compasión." El nieto preguntó: "Abuelo, dime ¿cuál de los dos ganará la pelea en tu corazón?" El abuelo contestó: "Aquel que yo alimente"