Catarsis fue la palabra que más repitió el director escénico y artista plástico Jan Fabre en la presentación, en los teatros del Canal de Madrid, Monte Olympus, obra multidisciplinar de 24 horas ininterrumpidas de representación.
Inspirada principalmente en la mitología griega y recrea las fiestas de las Grandes Dionisisas, el mayor festival dramático de la Antigüedad, en honor al dios Dionisio, donde se convocaba a tres poetas trágicos y, durante una jornada, del amanecer al atardecer, cada uno debía representar cuatro obras: tres tragedias y, para concluir un drama satírico.
El proceso de creación y el resultado final supuso muchas dudas para los productores, pero no para Fabre.
Un proceso que hoy en día es muy difícil, sobre todo por la presión del tiempo y los presupuestos que se manejan ahora.
Cuarenta personas trabajando durante 12 meses desde las once de la mañana hasta las tres o cuatro de la mañana y con la gran duda de si el público iba a aguantar hasta el final de la obra.
Monte Olympus se ha representado en 17 ciudades distintas desde su estreno, entre las que se incluyen Berlín, París, Sevilla, Belgrado, etc.
Durante la representación la gente habla, duerme, aplaude, grita y se queda hasta el final ovacionando a los bailarines y actores.
Una experiencia a la vez personal y colectiva con la que Fabre y su compañía Troubleyn cumplen 30 años.
El evento teatral del año sin duda, como lo calificó la directora de los Teatros del Canal, Natalia Álvarez Simó.