...Y entonces el sujeto del abrigo barato pudo escribir otra vez. Parecía como si alguien le hubiera quitado dos grandes bolsas de preocupaciones y desvelos a sus ojos.
Esa noche llegó a su casa y observó las estrellas en el infinito negro. A pesar de estar triste, notó algo diferente en ellas, algo que tenía tiempo ya de no ver. Cuando prendía el primer cigarro de su cajetilla, sonó el teléfono. Era su hermana Julia. Platicaron al rededor de dos horas y colgaron.
Después de la llamada, el sujeto salió a la calle aliviado. Extasiado del mundo una vez más. Aceleró su paso al primer bar que encontró y se ordenó una cerveza Victoria para el y un "gin and tonic" para la señorita de pelo castaño, piel increíblemente blanca, ojos claros y senos perfectos que se encontraba en la mesa enfrente de la barra.
Ella era una de esas mujeres que estaban totalmente fuera de su liga y que nunca intentaba levantar en un bar, más que nada por que el era medio feo y no sabía muchas cosas que le gustaban a las mujeres de esa clase.
Como el bar era un poco caro y de aspecto asquerosamente fresón, el sujeto supo que tenía poco tiempo para llevar a esa increíble mujer a su casa, así que se acercó y le dijo - Tengo que hacer el amor contigo ahora mismo, llevarte a mi casa, abrir un vino, poner canciones y hacer el amor, así sin más-
La señorita con una cara hermosa de asombro se dirigió al tipo con un tono antipático - Señor le agradezco la copa, pero estoy esperando a mi esposo. El me hace perfectamente el amor y no necesito de sus servicios, o si lo quiere ver de otro modo, no me interesa su propuesta. Así que chingue a su madre y larguese- Entendió al instante, y como una gacela asustada ante una leona en busca de alimento, acabó su cerveza de un sorbo y salió del bar.
Dos cuadras después del bar, se sentía preocupado y enfermo otra vez, pensando las mismas cosas. Su cerebro no reaccionaba y todo parecía estar mal. Justamente como antes.
El destino tomó curso ese día, y el sujeto terminó fumando el tercer cigarrillo de su cajetilla justo enfrente de una tienda llamada "Trajes Luxury Joel" en la calle Hidalgo de la ciudad de Querétaro, el diseño y la tipografía pretendían clase, pero el lugar estaba hecho una mierda. Así que por curiosidad entró. En el local de mala muerte, quedó encantado con un abrigo de color cafe y cuello de leopardo, sintió una necesidad tan grande de tenerlo y el precio era tan bajo, que tuvo que comprarlo.
Después de la compra, el sujeto salió a la calle aliviado. Extasiado del mundo una vez más. Ya no se acordaba ni de su ex esposa, ni de la perra del bar, ahora tenía este abrigo que le hacía sentirse tan bien, que compró un doce de cervezas y caminó directo a su casa. Ya ahí, abrió la primera cerveza, prendió su computador, encendió el cuarto cigarrillo de su cajetilla y comenzó a escribir cada una de las cosas que hago yo en mi vida. Controlando involuntariamente como un narrador cada uno de mis movimientos metafísicamente desde el Microsoft Word de su computador, me sentó en mi escritorio y me puso a escribir en mi computador portátil: ... Y entonces el sujeto del abrigo barato pudo escribir otra vez. Parecía como si alguien...
Mr. Gallo