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La mudanza
-¡Tu padre te violó y no eras consciente de ellos!
Repetían una y otra vez las voces en mi cabeza. Relataban sucesos que nunca viví como si fueran reales. Parecían tan convincentes que les creí. Que desde niña habían abusado de mí y que todos los adultos del barrio eran abusadores. Que traficaban con niños, a los que de alguna manera tenían hipnotizados para creer que tenían una vida feliz, cuando por las noches pasaban cosas innombrables. Según estas voces, en la plaza del barrio -muy bonita por cierto- exponían a los niños para luego hacer vaya a saber quién qué cosa entre las cuatro paredes de la privacidad.
En un barrio que rebosaba paz la violencia parecía estar escondida en las casas.
Y así estuve varios días sin poder dormir, cuando, cansada de esa traumatización, decidí buscar un lugar para irme a vivir.
Mi hermano, que vive en España, estaba de visita con su familia en lo de mis padres y yo estaba sumida en delirios. Justo me había pedido esa semana de licencia para pasarla con mi familia y ya era sábado.
Le escribí a dos amigas, a la primera para saber si había quedado un apartamento libre en donde vive ella, que era el lugar más accesible que podía tener. A la otra le pregunté a dónde podía asistir una mujer presa de violencia de género, no le dije que creía que era yo.
Resultó que un apartamento estaba libre. Y mi otra amiga me sugirió ir a la comisaría de la mujer y a una residencia en el centro de la ciudad.
-Antes que nada aclaro: todo lo mencionado por las voces estaba en mi imaginación. De alguna forma ideé todo eso para contarmelo con relatos que percibía como externos. Siempre viví en un hogar de armonía y respeto.-
Teniendo esa información armé la mochila con lo mínimo indispensable. Hice lo que me dijeron las voces. Era como si me estuvieran guiando con un protocolo específico para salir de contextos críticos. Ya eran cuatro días que no dormía.
Con la mayor calma posible le dije a mi madre que me iba a las afueras de la ciudad a pasar un par de días a lo de una amiga, cuando ya había hablado con la residencia por un lugar disponible. Me tomé el ómnibus para el centro de la ciudad y las voces no cesaron ni un minuto. Llegué conteniendo el aire a la puerta de la residencia, susurrando lo que me decían las voces. La muchacha me atendió y me guió hasta el dormitorio, me dio un jabón y toallas descartables para bañarme. Me dí un baño y por fin me pude acostar a dormir.
En mi mente creía que esa residencia era un lugar al cual los jóvenes que habían pasado por situaciones como las que me planteaban las voces iban a refugiarse. Inventé toda esa historia en mi cabeza y podría haberme expuesto a situaciones muy comprometidas, pero tuve suerte, no le dije nada a nadie.
Luego de haber dormido toda la noche desayuné y le mandé un mensaje a mi madre diciendo que había encontrado una residencia para mudarme, que iba a ir para ahí.
A la tarde del lunes estaba en lo de mis padres armando la maleta mientras temblaba convencida de que mi madre me estaba maltratando.
Lo más loco de todo esto es que las voces me decían que mi madre era violenta y que me iba a pegar. En un momento mi madre me habla, las voces la llaman por su nombre y le dicen que me muestre la mano y mi madre inmediatamente hace un ademán con la mano que yo interpreté como agresivo.
En todo esto las voces tenían varios papeles, pero la personalidad que tomaban era de un abusador que decía ser mi padre y que aparentemente tenía controlada a toda mi familia. Yo no sabía si era telepatía o no, no me cuestioné si era real ni me opuse a nada de lo que me decían, pues también había otra personalidad que decía querer rescatarme de ese lugar imaginario en el cual me encontraba.
Para el lunes, cuando me reintegré al trabajo, las voces me incentivaron a reservar el apartamento que me habían comentado. Lo hice sin chistar pero con el corazón a mil en la garganta. Pagué la seña y para el mes siguiente me estaba mudando.
Ya van a ser dos años de ese evento, no escucho las voces ni tengo esa paranoia, actualmente visito a mis padres todos los fines de semana y almuerzo con ellos. Con mi madre hablo todos los días. Pero no volvería a convivir con ellos, estoy muy bien viviendo sola.
A QUIEN INTENTO ENGAÑAR?
Buenas memorias y una mala elección.
Por una vida de recuerdos que torturan.
Estoy segura, de que si ahora mismo tuviera el dinero suficiente para pagar un departamento aquí, (puerto vallarta) me quedaría sin pensarlo.
No quiero volver a mi pueblito.
:(
Sorry, me pedir porque estoy en plena mudanza... y ya saben el estrés y tiempo que da.
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