Armá tus valijas y andate.
Tengo 20 años y hace ya 8 meses que me mudé de Montevideo (Uruguay) a Buenos Aires (Argentina).
Agradezco no ser de esas personas que extrañan, porque cuando me mudé para acá, primero viví en una residencia de estudiantes con más de 100 personas y conocí a muchos que sufrían por el hecho de estar alejados de su ciudad, familia y amigos. En cambio, yo siempre lo disfruté. No es que tenga algún tipo de resentimiento o algo hacia todos ellos, sino que toda mi vida supe que Montevideo, y más que nada Uruguay, tenía su techo. En otras palabras siempre supe que en Uruguay no iba a lograr hacer lo que yo quería hacer.
Siendo un país tan chico, donde todos nos conocemos entre todos, los contactos siempre son algo necesario. Me daba cuenta que había personas tan inteligentes y con mucho potencial para muchas cosas, pero como sus padres no conocían a la persona indicada tal vez no iban a conseguir un trabajo como gente mediocre que tiene padres con contactos.
Por suerte nací en una familia privilegiada, nunca me faltó nada y puedo decir que me sobraban cosas (aunque entre las peleas más grandes con mi madre la palabra desagradecida salía varias veces de su boca), pero honestamente se que me pude haber quedado allá, en Montevideo, y vivir tranquila por el resto de mi vida. Pero cuál es el punto en hacer eso?
Siempre tuve esa cosita adentro mío de querer ser independiente (aunque no lo soy del todo todavía porque no me puedo financiar mi carrera y mi vida en Buenos Aires... por ahora...), pero me refiero a independiente en el sentido de que si el día de mañana soy exitosa, quiero serlo por mi cuenta, y no porque mi papá tenía amistades con mucha influencia. Por eso decidí hacer las valijas e irme.
Voy a ser honesta, nadie quería que me vaya. Es más, estoy segura de que soy la loca de mierda de la familia que teniendo la vida cómoda y asegurada prefirió irse y encontrar algo distinto. Todos los trámites, vueltas, papeleos y todo (que no son pocos) los tuve que hacer yo sola. Si saben lo que es Uruguay o Argentina saben que la burocracia en estos países son una patada en los huevos, y que una vuelta fácilmente se convierten en nueve, pero fue con esto que me empecé a preparar para mi nueva vida, donde no hay nadie que me ayude con nada, y si tengo algún problema o quiero alguna cosa me las tengo que arreglar por mi cuenta.
Desde que llegue acá me di cuenta de varias cosas, primero que todos los amigos que uno piensa que tiene se reducen a un tercio cuando te vas. Es una cagada sí, y duele bastante, pero hay que pensar en que es un filtro para ver quienes enserio son tus amigos y quienes son tus amigos porque los ves todos los días.
Otra cosa que aprendí fue que tenía muchos prejuicios. Uruguay es muy chico y muy chismoso. Me di cuenta cuando llegué acá que habían muchísimas cosas que a mí me parecían mal pero que en realidad eran cosas que todo el mundo pensaban que estaban mal y por eso yo pensaba de esa forma.
La otra cosa que aprendí es que el tiempo que conoces a alguien no significa tanto. En menos de 8 meses que estuve acá conocí a demasiada gente y tuve que armarme un grupo de amigos de cero. Muchos de ellos estaban de intercambio y ya se volvieron a sus países y se que los voy a considerar tremendos amigos por el resto de mi vida, y el día que los vea de nuevo va a ser como si no hubiesen pasado años sin vernos. También, otras personas que conocí acá y siguen estando acá se que son personas a las que nunca voy a querer perder.
Claramente, aprendí mucho más que eso, como que no se cocinar, soy pésima para ordenar, y que soy una persona que deja todo para último momento cuando no hay nadie empujándome a hacer las cosas. Pero esas son cosas que creo todavía estoy a tiempo de cambiar.
Creo que me di cuenta de cuanto uno madura viviendo y estando solo, y crece mucho como persona y se hace más responsable. También, te das cuenta de lo que vos creías que era de una manera no siempre es así y hay otros puntos de vista.
De todas formas, sigo y siempre voy a amar mi paísito, sus playas, su rambla y su Virgilio. A la gente también, desde mi familia a mis amigos hasta las personas que no conozco que siempre saludaban diciendo "buen día o "buenas tardes"... Esto acá no pasa...
Los domingos bajoneros siempre están, mientras estoy sola encargando unas empanadas para almorzar (los domingos NO se cocina) pienso en como mi familia debe de estar reunida comiendo un rico asado y charlando cualquier boludes. Y a las tardes cuando estoy mirando el techo o estudiando o por dormir la siesta pienso en las mil y una tardes de Virgilio que me estoy perdiendo.