Humo de tabaco
Pablo se estaba matando. Vivía la semana para llegar al viernes y ponerse hasta el culo. Tabaco, cubatas y de vez en cuando cocaína además de una visita al puticlub una vez al mes. Pablo aparentemente es un buen chico, está terminando la carrera de informática en una conocida jesuítica universidad privada; era lo que le había prometido a sus padres. Además de no ser agraciado fisicamente, tenía una incipiente calvicie y estaba regordete; se avergonzaba de ello aunque por dentro tenía un ego que no cabía por la puerta y que trataba de disimular con una falsa actitud de timidez y sumisión que con el paso del tiempo se convertía en agria y violenta. Pablo tiene un amigo bonachón y un tanto superficial. Ramón es un personaje con una falta de amor propio bastante destacable. Ramón llega a su casa con unas cervezas y le cuenta que tiene un grupo de amigos con los que salir los fines de semana a dar una vuelta por el monte, a hacer senderismo. Pablo sin muchas ganas accede, ya está un poco cansado y se quiere echar una novia, ya está harto de putas, borracheras y humo de tabaco así que lo primero que hace es apuntarse al gimnasio y machacarse estúpidamente. No es que su perfil físico cambie demasiado, sigue siendo el regordete de siempre pero ahora tiene un cierto fondo para hacer largas caminatas por los montes de la región que tampoco son nada del otro mundo. Su amigo Ramón tiene una novia; fea pero con el corazón más grande que hay en la tierra, una chavala enorme que vale su peso en oro. Margarita siempre está en todo y vive para Ramón que también la quiere como es. Margarita tiene una amiga, Jacoba que acaba de ser abandonada por su marido. Jacoba es guapa y tiene dos buenas razones que últimamente exhibe con vehemencia. Es tímida y poco cultivada. Se dice que su ex-marido se lió con una compañera de trabajo y que terminó por abandonar a su mujer a la que ya no quería. Jacoba empezó a acudir al club de senderismo donde conoce a Pablo y Pablo que las entra a todas hizo lo propio así que una noche de fiestas patronales él le juró su amor y ella aceptó. Ahora tienen dos hijos gemelos que no paran y acaban de ser invitados a la boda de una buena amiga de ella. La pareja Margarita Ramón se quedan con los niños.
Al llegar al restaurante Jacoba se da cuenta que entre los amigos del novio está la mujer de su ex-marido que al que no había visto desde la última vez que fue a recoger sus cosas a la casa. En aquella ocasión no pudo contener las lágrimas y ahora tampoco, el mundo se le ha venido abajo y él parece no darse cuenta. El que no lo acaba de aceptar es Pablo que empieza a ponerse de mala gaita. Jacoba sufre y llama por teléfono a Margarita que se indigna tanto que en un cuarto de hora se presenta en restaurante. Al entrar camina torpemente buscando a su amiga que ha salido a llorar al baño, encuentra a Pablo que está destrozado llorando en una esquina, y le pregunta por Jacoba. Pablo ni responde, está dando puñetazos a la pared. Cuando llega a los servicios se encuentra con Jacoba que sollozando se echa en sus brazos. Margarita la abraza unos segundos y después de secarse las lágrimas abre el bolso y le enseña un cuchillo japonés en su interior. — Dime quién es— espeta con furia —¿Estas loca o qué? — responde Jacoba pero Margarita la agarra y la arrastra hasta el comedor en el que ya ha comenzado la conocida “Conga de Jalisco” en la que todo el mundo baila en al rededor del salón en una estúpida cadeneta. Margarita insiste —Que me digas quién es. Jacoba señala al a una persona del grupo — ¿Aquél?¿El de la corbata roja? Margarita asiente y Jacoba se lanza cuchillo en mano hacia una persona con un Gin Tonic en la mano que se le va congelando la sonrisa a medida que Margarita se le va acercando. La gente se aparta gritando y le asesta 25 puñaladas en el tórax. Los invitados y el servicio huyen atemorizados. La Conga de Jalisco sigue sonando a tope, el charco de sangre se hace cada vez más grande.
Ya en la calle Jacoba busca con la mirada y encuentra a su ex-marido, se acerca a él e intenta besarle, el se zafa de ella. —¡Cerdo!— Y echándose a llorar se agarra la cabeza mientras Pablo se agacha y le dice humildemente: —¿Vamos?












