Nana supo reconocer la llegada de Takahiro, no solo por el sonido de la puerta cerrándose, sino por la hora. Llevaba dos semanas trabajando para él y empezaba a ver los patrones en sus horas. ¿Podría considerarlo un avance? ¿Un éxito? O el simple retomar de una costumbre.
Aunque quiso recibirlo con una bienvenida amena, optó por morderse la lengua. En su lugar, se mantuvo revolviendo el ensopado que estaba preparando.
"¿Día largo?" Preguntó por encima del hombro. Pensó en los modales, en que debía mostrar más formalidad, en que si su jefe fuese otra persona la respuesta sería mucho más cordial— pero ambos se habían saltado un par de escalones en ese nuevo vínculo laboral. O, mejor dicho, ya los habían transitado mucho atrás. "¿Te apetece algo para tomar?"









