Escúchame, pequeño pedazo de mierda --dijo entre dientes, mirando al chico que tenía contra la pared; una de sus manos estaba en el cuello ajeno y otra sostenía una daga escondida entre sus ropas cuya punta estaba a nada de perforar la piel de la entrepierna ajena--. Vuelve a decirme que mueva mi bonito trasero y te haré un bonito tajo en tu preciosa polla, ¿me has entendido? --Murmuró con un tono amenazante, guardando con rapidez la daga y alejándose del chico por unos segundos. Cuando este intentó huir, le puso una zancadilla para que cayera antes de darle una patada en el estómago. Alzó la vista cuando sintió un ruido--. ¿Se te perdió algo?
















