Nene Almíbar en La Tangente: No es un homenaje, es una lección
Nene Almíbar se dio el gusto de presentar su nuevo trabajo de estudio en La Tangente. Ante los cientos de espectadores que llenaron el elegante recinto palermitano, la banda liderada por Manu Piras pisó fuerte y demostró que tiene todo para ser una de las grandes protagonistas de esta nueva era.
El frío no suele ser un obstáculo a la hora de ir a ver un show, más cuando se trata de una esperada presentación de un disco. El pasado sábado 11 de agosto, La Tangente se llenó en muy poco tiempo para presenciar el lanzamiento oficial de Corazón Ortiba, segundo disco de estudio de Nene Almíbar. El conjunto conformado por Manu Piras, José Burgueño, Pablo Bustamante y Nacho Rivarola se encargaría durante casi dos horas de repasar toda su discografía y también de regalar algunas perlitas.
La previa de An Espil en las bandejas fue muy buena, ayudando a que durante una hora la espera no fuese para nada pesada. Cuando el reloj superó las diez de la noche y la nave central y las mesas laterales y frontales se encontraban completas, Nene Almíbar pisó el escenario para dar rienda suelta a un espectáculo con una interesante variedad de climas y un hilo conductor muy claro.
Los acordes iniciales de “Jeff Tweedy” alcanzaron para configurar una atmósfera bien jazzera, con un sonido impecable que permitió escuchar a cada instrumento por separado. El rock y el blues también dieron el presente, con la velocidad y la sutileza de Rivarola en la batería. Si bien anunciaron un estallido desde la guitarra principal, lo cierto es que supieron cómo manejar sus consecuencias con muchísima clase.
Con solamente una canción alcanzó para entender que la apuesta de Nene Almíbar: en un momento donde todo es veloz casi por mandato, su jugada va por el lado de las canciones largas con variados momentos de contemplación. El peso de lo instrumental es también un elemento a destacar, siendo algo diferente dentro de una escena indie que está bastante más volcada a géneros más urbanos o directamente más contundentes en cuanto a su volumen.
“Chancho” y “Los Huesos” mantuvieron la línea de la calidez, con tintes playeros y momentos de aceleración merced de riffs pegadizos. La voz de Piras, bien aguda, le permitió siempre imprimirle a las canciones un estilo spinetteano que remonta al rock nacional de los años ’60 y ’70, sin demasiados cambios de ritmo bruscos pero con una cercanía a la psicodelia siempre saludable.
El contacto con The Beatles tomó forma durante “La Hija Del Verdugo”, primer tema cien por cien bailable de la noche. La distorsión del cierre los encontró libres, sensación ideal para ejecutar –tras un par de bromas con el público– un lógico y muy buen cover de “El Anillo Del Capitán Beto”, una melodía que corre por su sangre y que los representa a la perfección.
De la mano de “Felices Los Niños”, la primera parte de la lista se completó sin fisuras y con una dosis mayor de rock y funk. La potencia llegó esta vez desde el micrófono, siendo la imagen de Piras dejando el cuerpo sobre las tablas otro fresco de como este cuarteto siente la música, quedando un muy buen solo de José Burgueño como preludio del tramo electroacústico de la jornada. Uno que no tardó en romperse para regresar al registro eléctrico, teniendo uno de los puntos más altos durante una sensacional interpretación de “Suller”.
Moviéndose entre márgenes tan maleables como auto impuestos, Nene Almíbar siguió recorriendo lo mejor de su corta discografía, asemejándose por momentos a una jazz band muy bien ensamblada. Eso les permitió encontrar –en los cuatro minutos de la instrumental “Manta de Pájaros”– el espacio para volar un poco más, estableciendo contacto con los sonidos de Gustavo Cerati.
Ya bordeando la hora de show, el segundo conejo que salió de la galera fue una versión poco tradicional de “Influencia”, canción que Charly García hizo masiva en nuestro país, pero que pertenece en realidad a Todd Rundgren. El homenaje doble fue un gran acierto, regresando a lo más directo y disruptivo con “A Cuchillo” y “La Actitud”, dos piezas de su disco debut que encendieron una vez más al público.
Luego de la merecida ovación, la banda emprendió la retirada con la melodía cambiante y agresiva de “La Histeria” y el pogo alegre generado por “Los Deformes”. Como bien dice esa última letra, si bien Nene Almíbar homenajea a varios de los grandes próceres de nuestra música, no por ello se ata por completo a los sonidos y juegos musicales de aquellos años. La búsqueda sonora es contundente y la propuesta claramente se encuentra abierta a nuevas proposiciones, unas que sin dudas han definido el concepto de Corazón Ortiba. Todo paso siempre es una lección. Sobre todo cuando está dado con firmeza y convicción.
Por Rodrigo López Vázquez









