Venus
John William Godward (English, 1861–1922)
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Venus
John William Godward (English, 1861–1922)
Leon Jean Bazile Perrault
(1832 - 1908)
A Beautiful Reflection
Oil on canvas
43 x 50 inches
Signed & dated 1886
https://rehs.com/Leon_Jean_Bazile_Perrault_A_Beautiful_Reflection.html
The Temple of Vesta - Constantin Hölscher (May 16, 1861 - February 3, 1921), German
Cupid and Psyche by Antonio Canova 💭🏹 . . . #cupidandpsyche #antoniocanova #antiqueart #antiquesculpture #xviiicentury #neoclassicism #neoclassical #neoclassicalsculpture #neoclassicalart #sculptureart #sculpturelovers #emotionalart #sensitivesouls #artlove #artmood #artinspiration #arthunter #vintagehunter #vintagevibe #vintagelove #vintageaesthetic #antiquestyle #antiquelove https://www.instagram.com/p/CejQzPsIYae/?igshid=NGJjMDIxMWI=
quote from The House of Mirth, Edith Wharton 🖋📜🥀
Guillaume Seignac
(1870 - 1924)
Contemplation
Oil on canvas
39.75 x 28 inches
Signed
👑 Maria Enrichetta di Valeriano
Maria Enrichetta di Valeriano, Princesa de Toscana. Retrato oficial, circa 1815. Autor anónimo de la escuela florentina. Colección del Palazzo Reale di Firenze.
Nombre completo: Maria Enrichetta Elisabetta Rosa di Valeriano Fecha de nacimiento: 17 de octubre de 1795 Lugar de nacimiento: Palacio Real de Montevalle Padres: Giovanni I di Valeriano y Anna Beatrice d’Este Casa de origen: Casa Real de Valeriano Casa Real por matrimonio: Casa de Habsburgo-Toscana Consorte: Ferdinando d’Asburgo-Toscana Títulos: – Su Alteza Serenísima la Princesa Maria Enrichetta di Valeriano (1795–1812) – Su Alteza Real la Princesa de Toscana (1812–1817) – Dama de la Rosa Blanca de Montevalle – Protectora Espiritual del Orfanato de Fiesole (título póstumo, 1821) Sucesora: Camilla di Valeriano (como continuadora del legado devocional en Santa Cecilia) Fallecimiento: 12 de febrero de 1817 (21 años), San Casciano in Val di Pesa, Toscana Sepultura: Cripta Real de las Princesas, Catedral Basílica de San Luigi Gonzaga, Montevalle
✦ Nacimiento y origen: entre el esplendor neoclásico y el perfume de la devoción
Maria Enrichetta Elisabetta Rosa di Valeriano nació el 17 de octubre de 1795, en el Palacio Real de Montevalle, durante los últimos años del reinado de su abuelo Vittorio Emanuele I. Era la cuarta hija de Su Majestad Giovanni I di Valeriano y de la reina Anna Beatrice d’Este, en un periodo en que la corte valeriana vivía uno de sus momentos de mayor florecimiento cultural, marcado por el estilo neoclásico y una vida cortesana refinada pero contenida por la moral tridentina aún imperante.
Su nacimiento fue celebrado con discreta solemnidad. La ceremonia bautismal se realizó en la Capilla Palatina de la Catedral Basílica de San Luigi Gonzaga, presidida por el Arzobispo Primado de Montevalle y con su tío, el cardenal Filippo Augusto di Valeriano, como padrino de pila. Fue inscrita desde su nacimiento en el Libro de la Casa di Valeriano, con el tratamiento de Su Alteza Serenísima, y con el título simbólico de Dama de la Rosa Blanca, otorgado tradicionalmente a las princesas piadosas de la línea directa.
Desde sus primeros meses de vida, fue confiada al cuidado del ala femenina del Palacio, bajo la supervisión de damas nobles elegidas por la reina madre Elisabetta Farnese di Parma, que aún residía en Montevalle hasta su muerte en 1806. Se crió, al igual que su hermana mayor Camilla, en el entorno recogido del Ala delle Nobili Dame, donde el protocolo, la oración y las artes ocupaban el centro de la formación femenina.
La princesa creció rodeada por figuras culturales y religiosas que moldearon su sensibilidad: músicos, preceptoras francesas, religiosas agustinas y clérigos como Don Massimo Rinaldi, que habría de convertirse en su confesor y guía espiritual. La convivencia con su hermana Camilla, dos años mayor, fue cercana desde la infancia. Ambas compartían juegos, lecturas devocionales y el jardín interior del Palacio, donde se conserva aún un banco de mármol grabado con las iniciales “M.E. & C.”, memoria de aquellos días fraternos.
El periodo de su infancia coincidió con las últimas etapas del reinado de Vittorio Emanuele I y los primeros pasos de su padre en el trono. Aunque no estuvo expuesta directamente a las intrigas del poder, fue testigo silenciosa de los cambios políticos y del ascenso de su hermano mayor, Luigi, al título de Príncipe Heredero. Su carácter se forjó en un ambiente de fe, moderación y contemplación, muy diferente del de otras cortes europeas agitadas por las guerras napoleónicas.
El obispo de Montevalle la describió años después como una “niña de mirada serena y paso leve, que parecía rezar incluso cuando jugaba”. Esta impresión, unida a su temprana inclinación por el canto litúrgico y las obras de piedad, sería la base de su imagen futura como princesa profundamente espiritual, más cercana al claustro que al trono.
"Maria Enrichetta y Camilla di Valeriano jugando en la villa de verano en el campo, ca. 1801" Autor anónimo de la Escuela Valeriana. Óleo sobre lienzo. Colección privada del Palacio de Villalba, Estado Real de Valeriano.
✦ Educación, entorno cultural y personalidad (1802–1812)
La educación de Maria Enrichetta di Valeriano se desarrolló en un ambiente profundamente espiritual e intelectualmente riguroso, propio de la corte valeriana de inicios del siglo XIX. Desde temprana edad fue descrita como una niña de hermosura serena: rostro ovalado, tez pálida, cabellos claros y una mirada melancólica que contrastaba con la vivacidad de su hermana Camilla. Su belleza, tenue y casi etérea, era frecuentemente comparada por los cronistas del palacio con la de las vírgenes florentinas del quattrocento. Sin embargo, junto a ese encanto reposado, se advertía una delicadeza física evidente, una fragilidad que los médicos de la corte atribuían a una constitución pulmonar débil y a estados febriles intermitentes que la acompañaron desde la niñez.
Tras la muerte de su abuela, la reina madre Elisabetta Farnese, en 1806, la reina Anna Beatrice asumió con especial ternura el cuidado emocional y formativo de Maria Enrichetta, hallando en su hija una compañía dulce y dócil en medio del carácter complejo de la corte. La futura reina viuda solía decir que su hija era “como un suspiro de incienso, más presente en el alma que en la voz”. El afecto entre ambas se consolidó en las veladas musicales privadas del Ala Norte del palacio, donde madre e hija compartían piezas de clavicémbalo, himnos litúrgicos y lecturas piadosas antes del rezo del rosario.
La formación de la joven princesa fue cuidadosamente dirigida por preceptoras francesas de la congregación de Notre-Dame, bajo supervisión de religiosas valdostanas recomendadas por la reina madre. Su programa de estudios incluía retórica sagrada, historia bíblica, canto gregoriano, piano, francés y bordado litúrgico. El clérigo Don Massimo Rinaldi, quien ya había sido tutor de Camilla y confesor de la reina Anna, se convirtió en su guía espiritual más cercano. Él mismo escribiría en una carta a la Abadesa de Santa Cecilia: “Su alma es como una rosa cerrada al mundo, abierta solo a la brisa de lo divino”.
A diferencia de sus hermanos varones, llamados al deber militar o diplomático, Maria Enrichetta fue educada con una fuerte orientación contemplativa. Se sentía más atraída por los salmos que por los protocolos, y prefería los claustros silenciosos a los salones cortesanos. No obstante, su educación no fue aislada: compartía actividades con sus primas y con jóvenes nobles sin dote que se educaban bajo la protección de la Corona, mostrando siempre una cortesía amable y una disposición servicial, aunque reservada.
Pese a su inclinación espiritual, sus padres no consideraban aún su ingreso a la vida religiosa. Existía en la corte el deseo de concertar un matrimonio acorde a su estatus, aunque las cartas de la reina Anna muestran cierta vacilación: "Mi hija no ha nacido para el ruido de los banquetes, sino para el lenguaje de los ángeles. Pero si el deber la llama al mundo, que sea bajo la sombra de un altar."
Fue precisamente esta mezcla de resplandor íntimo, salud frágil y devoción profunda lo que hizo de Maria Enrichetta una figura singular dentro de la familia real. Aunque no era la heredera ni la más activa de las princesas valerianas, su presencia silenciosa dejó una huella profunda en quienes la conocieron. Algunos embajadores que visitaron Montevalle entre 1810 y 1812 la describieron como “la más dulce expresión del alma valeriana, una figura de recogimiento que parece flotar por los corredores como una oración viva.”
Maria Enrichetta di Valeriano nel giardino del Palazzo Reale di Montevalle Olio su tela, ca. 1810. Autore ignoto. Colección del Museo di Corte, Montevalle.
✦ Matrimonio en Toscana y últimos años
En el contexto de las restauraciones dinásticas posteriores a la caída de Napoleón, la figura discreta pero virtuosa de Maria Enrichetta di Valeriano atrajo el interés de varias cortes italianas menores, especialmente de aquellas vinculadas a ramas colaterales de la Casa de Habsburgo. Fue así como, en el invierno de 1813, comenzaron las negociaciones para una posible unión con el príncipe Ferdinando d’Asburgo-Toscana, miembro de una línea cadete con residencia en Florencia y estrechos lazos con el Gran Ducado de Toscana.
A pesar del evidente contraste entre el recogimiento de la joven princesa y las expectativas públicas del matrimonio, la reina Anna Beatrice aceptó con prudente reserva la propuesta, en parte por razones diplomáticas, pero también porque el príncipe Ferdinando devoto, reservado y amante de la música sacra había sido bien recomendado por los emisarios pontificios. En las cartas conservadas en el Archivo Real, la reina escribió: "No es un paso que se dé con alegría, pero si ha de vivir fuera de mí, al menos que sea con alguien que no apague su luz interior."
La boda se celebró en el verano de 1814 en la Basílica di Santa Trinita, en Florencia, con la solemnidad protocolaria correspondiente a una princesa valeriana. El cortejo fue reducido pero digno, y estuvieron presentes enviados del Reino de Valeriano, representantes del papado y miembros de la nobleza toscana. El cuadro anónimo que representa la ceremonia, conservado en el Palacio Ducal de Montevalle, muestra a la joven princesa vestida con encaje blanco y velo largo, la mirada baja, rodeada por estandartes con los emblemas entrelazados de ambas casas.
El traslado de Maria Enrichetta a Florencia fue discreto, y su llegada a la corte toscana estuvo marcada por un recibimiento respetuoso. El palacio que le fue asignado en las colinas cercanas a Fiesole era sobrio y rodeado de jardines. Allí, entre misas privadas, música coral y labores piadosas, encontró un espacio para seguir su vida contemplativa con moderado equilibrio. Su principal iniciativa fue la fundación de un pequeño orfanato femenino, idea que impulsó con discreción, pero que nunca vería finalizada.
A lo largo de su breve vida conyugal, mantuvo una intensa correspondencia con su madre, a quien escribía casi semanalmente, y con su hermana Camilla, con quien compartía reflexiones espirituales y lecturas litúrgicas. Estas cartas, hoy conservadas en la Biblioteca Central de Montevalle, revelan una mujer consciente de su salud delicada, pero empeñada en ofrecer sentido a cada día. En una de ellas, escrita en diciembre de 1815, se lee: "No sé cuánto tiempo me quede, madre mía, pero si el Señor me llama pronto, al menos me hallará bordando esperanza en estos niños y cantando su nombre con mis últimos hilos de voz."
Fue durante los meses finales de 1816 que comenzaron a manifestarse síntomas alarmantes: fatiga persistente, fiebres nocturnas, pérdida de peso y una tos seca que se agravaba con el frío. Los médicos toscanos diagnosticaron una afección pulmonar avanzada, muy probablemente tuberculosis, y recomendaron su traslado a la villa familiar de San Casciano in Val di Pesa, en busca de reposo y aire limpio.
Sin embargo, su estado no mejoró. Aunque su esposo permaneció a su lado con ternura, y la reina Anna envió dos religiosas valerianas como compañía, Maria Enrichetta se fue apagando con una serenidad que conmovió incluso a quienes no compartían su fe. Según testimonio de la hermana Domenica del Sacro Cuore, presente en sus últimos días, sus palabras finales fueron: "No lloren, que voy a donde ya no hay niebla en los pulmones, ni luto en el alma."
Falleció el 12 de febrero de 1817, a los veintiún años cumplidos. Su cuerpo fue trasladado a Florencia, donde recibió exequias solemnes en la misma basílica donde se había casado. Posteriormente, y por voluntad expresa de la reina Anna Beatrice, sus restos fueron repatriados al Reino de Valeriano para ser sepultados en la Cripta Real de las Pincesas, en la Catedral Basílica de San Luigi Gonzaga, junto a su hermana menor mortinata y cerca de su abuelo Vittorio Emanuele I.
"Boda de la princesa Maria Enrichetta di Valeriano con el príncipe Ferdinando d’Asburgo-Toscana, Basílica di Santa Trinita, Florencia, verano de 1814. Óleo sobre lienzo, autor anónimo, ca. 1815. Colección del Palacio Ducal de Montevalle."
✦ Legado: la memoria de una flor piadosa
La figura de Maria Enrichetta di Valeriano, aunque breve en años y ausente de protagonismo político, dejó en la memoria del Reino una huella de dulzura y recogimiento espiritual que se perpetuó más allá de su tiempo. Su vida, tan silenciosa como devota, se convirtió en símbolo de la gracia discreta, de aquellas princesas que no reclamaron tronos ni influencia, pero cuya existencia elevó la dignidad moral de la dinastía.
En los meses que siguieron a su fallecimiento, la reina Anna Beatrice vivió uno de los duelos más dolorosos de su vida. Se retiró temporalmente del protocolo, mandó cerrar la galería de música donde ensayaban juntas las piezas de clavicémbalo, y vistió luto riguroso durante un año, reemplazando sus acostumbradas flores frescas por lirios secos en la capilla privada. La muerte de su hija la marcaría profundamente, y su imagen permaneció en el retrato ovalado que mantuvo en su escritorio hasta su propia muerte en 1844.
En 1820, su hermana Camilla promovió la creación de una capilla conmemorativa en el convento de Santa Cecilia, con frescos inspirados en pasajes de la vida de Maria Enrichetta: su infancia entre rosales, su boda piadosa en Toscana, su muerte serena entre monjas. Esta capilla aún se conserva como uno de los lugares de recogimiento más visitados por jóvenes novicias y peregrinas devotas en Montevalle.
En Florencia, aunque su presencia fue breve, se conservó durante varias décadas el recuerdo de la “princesa cantora”, y el orfanato de Fiesole que ella había soñado fundar fue finalmente abierto en 1831 por la rama toscana de la familia, bajo el nombre de Casa Maria Enrichetta per le Fanciulle. Una placa de mármol en su fachada lleva la inscripción en italiano:
“Ella no tuvo hijas, pero todas las niñas pobres fueron su descendencia espiritual.”
La iconografía oficial no es abundante, pero destacan dos obras: un óleo de pequeño formato atribuido a Giulio Maretti, donde se la ve en perfil con velo blanco y misal en mano; y un vitral en el oratorio del Palacio de Villalba que representa una rosa blanca sobre fondo azul celeste, símbolo de su alma silenciosa.
Para generaciones posteriores, Maria Enrichetta representó la fragilidad luminosa de la juventud real, la entrega contemplativa sin claustro, y la belleza serena que no busca ser celebrada, sino consagrada. Su nombre fue incluido en el Calendario de Honor de las Mujeres Valerianas aprobado por el Consejo de Cultura Regia en 1870, y su vida es aún narrada en los retiros espirituales de la Arquidiócesis Primada como ejemplo de virtud, obediencia y consuelo discreto.