ese día nada importaba. no importaba que ya se había quemado las manos con leche hirviendo unas tres veces, no importaba que se hubiese equivocado de pedido otras tres, no importaba nada más que el hecho de que en cualquier momento su mejor amiga cruzaría la puerta y finalmente podría abrazarla, verla. fue cuando estaba entregando un frappé de chocolate que la vio entrar. aquella cabellera rubia y sus facciones fue lo único que pudo ver antes de prácticamente salir corriendo de detrás de la barra para acercarse hacia ella y envolverla entre sus brazos, ignorando por completo la figura masculina junto a ella. "no puedo creer que estés realmente aquí." murmuró la francesa contra el oído ajeno, separándose lentamente para poder observar su rostro. en el propio había una sonrisa deslumbrante, que parecía ser imposible de borrar.