¿Cómo fue que terminamos así? ¿Te acuerdas cómo eramos? ¿Cómo soñábamos? Éramos tan felices, éramos sólo los dos para los dos, a todas partes, éramos nosotros, a toda fiesta, éramos nosotros en toda sonrisa, éramos nosotros, toda lagrima, éramos nosotros. Ahora nosotros somos un trago amargo que no existe, somos el nada del todo. De nuestro todo, que éramos también nosotros. Ahora pienso, qué poder tan malo tiene a veces el mundo para querer separar el poder que derrama la felicidad del amor, el amor de la felicidad ¿Por qué? Parece celar el bienestar de sí mismo, viendo esos pies felices correr entre él. Con él vienen todos los desastres. Los árboles son celosos, de no encajar entre los brazos de ellos, de no sentir el calor del cariño, el calor del pecho entre brazos. El viento con el aire frustrados de no poder entrar en los pares de labios que se traen correspondidos. Los cuadros de familiares en las paredes lloran y desean con todo el alma volver a la vida, por poder estar en la misma cama, que ahora ya no les pertenece a ellos. Y ellos dos, siendo acechados por el celar de todos que quieren robar su felicidad. Ellos no lo ven, porque están ciegos de los dos, están ciegos a la par de sus ojos cafés. Están ciegos de querer.
Ahora, volviendo a nosotros, te das cuenta cómo no nos hemos deseado solos, sino otros más, que más tarde decidieron destruirnos entre lágrimas y súplicas de perdón. ¿Qué harás tú sin mi y yo al igual que tú? Ahora queremos sonreír falsamente, mientras nos esperan ansiosas, las lágrimas que se nos asoman en la noche, acordándonos de cada parte de nosotros, de nuestra piel juntándose como los dedos de nuestras manos al ver nuestros ojos.












