Huevo en el Teatro Vórterix: plantar la (nueva) cara con mucho huevo
El regreso de Huevo a los escenarios fue una verdadera explosión. La presentación en el Teatro Vórterix de su tercer disco de estudio, De Ahora En Más Esta Es Mi Cara (2019), es otro de los grandes hitos de una carrera tan interesante como bien administrada. Crónica de una noche diferente en la que (nuevamente) quedó demostrado que la complejidad y la fiesta pueden ir de la mano.
En los últimos años, Huevo supo consolidarse como mascarón de proa de una escena emergente cada vez más amplia y ecléctica. Desde el primer momento, la banda conformada por Julián Baglietto, Tomás Sainz, Sebastián Lans y Julián López Pisani, sorprendió con un sonido muy cercano a la fusión en el que el jazz, el rock, el funk, la psicodelia, la electrónica, la cumbia tradicional, el soul y el pop dialogaban con absoluta fluidez. Sus dos primeros discos –Las Mil Diabluras (2014) y No Todos Eren Como Ti (2017), este último premiado como “Mejor Álbum Nuevo Artista Rock” en los Premios Gardel 2018– marcaron un claro sendero en el que la (progresiva) complejidad estructural, la distorsión guitarrera y la fiesta popular se unían bajo un solo techo para hacer bailar sin parar a las multitudes.
Tres largos años separaron al primer trabajo discográfico de Huevo de un muy exitoso sucesor, siendo estos dos años previos al lanzamiento –más específicamente hace una semana y media– de De Ahora En Más Esta Es Mi Cara (2019) un tiempo mucho más corto a lo habitual ¿Cuál fue la diferencia respecto del anterior anuncio? Que a su tercer álbum lo antecedió un período de inactividad que fue aprovechado para renovar la imagen por completo, realizar ciertos cambios en la estructura de trabajo y pensar en cómo crear un disco que rompiese con su propio paradigma.
El pasado viernes, sobre el escenario de un Teatro Vórterix prácticamente lleno, quedó en claro que estos tres puntos deben ser considerados un absoluto éxito. La inactividad no hizo que su base de fanáticos mermase, sino más bien todo lo contrario: la euforia y la ansiedad fueron el denominador común de otra noche inolvidable para Huevo. Bajo un amarillo radiante (clave en su nueva identidad visual) y motivos floreados, los cuatro músicos salieron a escena para romper el hielo con el enlace lo-fi entre “Cielo Nuevo” y “Liebre”, generando en pocos segundos el primer pogo a pura distorsión funk/rock desde la guitarra de Lans y el golpeo salvaje de Sainz en la batería.
Una marcada nueva etapa en la que tienen mucho para decir con canciones más cortas que les permiten jugar instrumentalmente por más tiempo en los intervalos: el sonido funky futurista que vibra a lo largo de “Cactus” se adhirió a la idea de que “de ahora en más esta es mi cara” que hace las veces de leit motiv en el disco y que vislumbra un horizonte muy ganador. Mientras el astronauta estaba a la deriva, la cruza entre jazz y hip hop se hizo carne en “Parece De Verdad”, ocasión para el ingreso de Louta, el primer invitado de la noche, quien lanzó un freestyle muy agresivo que sumergió a todos en un universo esquizoide y por completo pesado.
Casi con espíritu circense, “Toe Oe” cambió la atmósfera por completo e hizo las veces de puente con “Nuestro Secreto”, pieza en la que Baglietto se lució llegando a los agudos con absoluta simpleza y que lleva el rock latino de mediados de los ochentas en la sangre. Para una nueva exhibición de rock retro y funk originario –dejando espacio entre las fintas y el riff para que el cantante lleve el pulso urbano–, la brillante Nana Arguen subió a las tablas para liderar “Ojotas Con Medias (originalmente grabada con Wayne Krantz, quien no pudo asistir) y se despachó con un solo brillante que la definió como una perfecta impulsora y moderadora de emociones.
Otra vez invocando ese espíritu de los años ’80, la orquestal “Selbo” fue ejecutada en soledad por Lans con un solitario foco de luz iluminándolo. Estéticamente cercana a Prince, gótica y tenebrosa, fue el enganche ideal con “Su Lema”, un tema muy luminoso y agresivo desde el estribillo en adelante y que tuvo como guía a un Sainz muy acelerado y preciso, prendido fuego, que escondió muy bien dos solos de batería dentro de la estructura melódica y liberó a la guitarra principal para que derrame lava sin límites. El sonido más rockero, hermanado con el rebote metálico de la rama industrial, se pudo divisar nuevamente durante “Tortugas”, siendo la base de Baglietto en la segunda guitarra muy importante para que Lans combine lo más melódico con la densidad del heavy metal.
Tras bajar casi hasta el silencio a pura técnica, amagaron con un estallido con un poco de jazz, hip hop y metal en la brevísima “Lairo”, pero se quedaron en su postura más cálida de la mano de “Toses”, una balada pop colorida y solitaria a la vez. Como una alarma previa al ataque nuclear, el escenario se tiñó de rojo para la unión explosiva –y muy elevada en lo técnico– entre “Teico” y “Que Lindo Ser”, quedando el aura espacial en manos de las seis cuerdas y el delirio traducido a la versión de Huevo del sucio y granuloso rock industrial noventoso.
Continuando con el orden del disco, tocado de principio a fin, fue un detalle muy interesante el hecho de que los fanáticos se supiesen literalmente todas sus canciones habiendo salido a la venta hace nada más que una semana. La ambigua, muy alternante, “Peluche “ tuvo en el también breve ingreso de WOS a las tablas uno de los puntos altísimos de la noche, quedando en claro que es imposible que no se coma de un solo bocado a toda la escena emergente argentina.
Para el cierre de la primera parte del show quedó ese western con destellos de beach rock llamado “Lo Que Sos”, consiguiendo niveles absolutos de belleza sonora cuando la voz de Julieta Rada inundó el Teatro Vórterix. Más allá de la impresión de que los invitados podrían haber tenido al menos un poco más de protagonismo, quedó en claro que De Ahora En Más Esta Es Mi Cara (2019) es un disco que le traerá muchas satisfacciones a un conjunto que necesitaba una renovación para poder profundizar en su concepto estético-sonoro.
Claro que no todo iba a terminar allí: la transición paciente a lo vangelis hacia el hard rock saltarín de “Yo Le Vi” puso a todos a desplazarse verticalmente sin parar abajo y arriba del escenario. Ya con los decibeles por completo alterados, la engañosa calidez de “Cabra Adolescente” puso a todos a bailar y sirvió como evidencia de que Huevo no le teme ni a los cortes abruptos de ritmo ni al sonido más alternativo. Después de presentar al excelso saxofonista Ramiro Flores y agradecerle por su trabajo en el disco, “Saltar y Esquivar” funcionó como un filme clásico de suspense en el que la intensidad fue aumentando –pasando por el techno disco y el jazz tradicional– hasta llegar al clímax a puro funk y foxtrot.
Limpia de clichés, “Se Escucha” volvió a probarse como una de esas canciones que pueden formar parte con tranquilidad de un compilado del rock nacional de los años ’60. El descenso a puro dance de “La Nave Matilda” y de “Tiembla El Gato” (con el “Mauricio Macri la puta que te parió” posterior incluido) preparó el terreno para la mayor potencia y pesadez garagera de “Gladys” y el jugueteo con el thrash presente en “Pasan”, ambas centrales para entender la evolución que significó No Todos Eren Como Ti (2017) para Huevo.
Un divertido “dale Huevo” en clave Sandro fue el puntapié para que Julián se lance a hacer mosh sobre la melodía de “Nos Espera” para así darle cierre a un setlist muy bien repartido y con un claro protagonista. El pedido por un poco más de locura hizo que la banda regresase, regalándole a su público una versión bien poderosa y delirante de “Un Día En Serrano” –una montaña rusa de emociones que los colocó en el radar y que al día de hoy los resumen a la perfección– dando así por terminada definitivamente la faena.
Las conclusiones están muy a la vista: un innovador, complejo y audaz nuevo disco, un nuevo Teatro Vórterix exultante y un nuevo comienzo luego de cinco años de duro trabajo, quedando por delante una etapa en la que el disfrute será lo principal. Más allá del amor de sus fanáticos, Baglietto, Lans, Sainz y López Pisani se pueden quedar tranquilos: en la Argentina hay un amplio lugar para las propuestas más complejas y valientes, sin importar cuanto tiempo se tomen para regular y administrar cada una de sus etapas artísticas.
Por Rodrigo López Vázquez









