Cine: Punch (2022)
Jim (Jordan Oosterhof) pasa su tiempo en el club de boxeo de Pirau (Nueva Zelanda), entrenando con dureza por su padre, Stan (Tim Roth). No sabemos bien si lo hace por verdadera pasión o por imposición parental, pero ahí está él, firme frente a la posibilidad de convertirse en profesional. Pirau es un lugar pequeño en el que vemos a personajes coloridos que cuentan con cierta (mala) fama. Uno de los más notables es Whetu (Conan Hayes), un muchacho maorí que vive con su perro en una casucha alejada del pueblo y es constantemente burlado por su inocultable homosexualidad. Incluso Jim, con su silencio, parece cómplice del bullying pueblerino, pero una ocasión accidental, en la que es atacado por medusas, lo conecta con Whetu.
Es obvio que el encuentro, lejos de ser esporádico, les convierte en amigos, obligándose a ocultarse de la sociedad y a que Jim adopte una postura más afín a lo que la sociedad requiera. Además, su relación con su padre, alcohólico y con un futuro amenazante, toma otro cariz una vez que comienza a replantearse no sólo su destino como boxeador profesional sino, incluso, su propia sexualidad.
La película abre con Stan retirando a su hijo, entonces pequeño, de un juego infantil en el que lleva un traje alado; luego muestra a ambos practicando boxeo en medio del cumpleaños del niño. Dos más que obvios momentos en los que el director Welby Ings procura pincelar la situación asfixiante en la que se encuentra la relación entre padre e hijo. Dos instantes que, complementariamente, dicen mucho sobre la mentalidad imperante en esa zona neozelandesa.









