“Respondió Jesús y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios.”
Con el arrepentimiento, un nuevo orden de vida se abre al creyente en Cristo Jesús.
Jesús uso la figura del nuevo nacimiento para indicar tres cosas:
Sin el nuevo nacimiento no hay vida ni relación con Dios. (Juan 14:6)
Con el nuevo nacimiento surge una nueva perspectiva; "vemos el reino de Dios". La palabra de Dios se hace clara, y se experimenta el obrar y las maravillas del Espíritu Santo: la fe esta viva. (Juan 3:3)
Por medio del "nuevo nacimiento" somos introducidos - literalmente "entramos" a una nueva esfera, donde el orden del nuevo reino de Dios se hace realidad (2 Corintios 5:17).
La regeneración es el verdadero fundamento de la salvación.
Por lo tanto, debemos ser diligentes para saber con seguridad si hemos nacido de nuevo, ya que muchas personas creen que nacieron de nuevo y no es así.
Que te consideres un cristiano no te otorga la naturaleza de ser un cristiano y haber nacido en un país que se considera cristiano no significa nada.
Incluso, que otros te reconozcan como profesante de la fe cristiana carece de valor a menos que se añada algo: la experiencia de “nacer de nuevo”.
Y esta expresión parece ser tan misteriosa que las palabras humanas son incapaces de describirla.
“El viento sopla por donde quiere, y lo oyes silbar, aunque ignoras de dónde viene y a dónde va. Lo mismo pasa con todo el que nace del Espíritu”
Sin embargo, se trata de una transformación que se conoce y se siente; se conoce por las obras de santidad que produce y se siente por medio de la asombrosa experiencia de la gracia.
Esta gran obra de la regeneración es sobrenatural, no es algo que uno pueda producir por sí mismo.
Se trata de una nueva verdad que impregna nuestro corazón, que renueva el alma y afecta a la persona en su totalidad.
No es un cambio de nombre sino una renovación de mi naturaleza de manera que no soy lo que solía ser, sino que me convertí en una nueva persona en Cristo Jesús.