Miel
Tenía un cabello extraño, largo y corto a la vez, como si no pudiera decidir como llevarlo. Algunos de esos hermosos mechones sólo llegaban hasta su cuello y se curvaban hacia afuera en la punta dándole personalidad. Despeinado, pero prolijo. El color era castaño claro, pensé. Pero el brillo de la luz en su cabeza lo hacía parecer rubio. Hasta que también noté que tenía un color anaranjado, como los pelirrojos. ¿Era pelirrojo?
Fueron sus ojos lo que más me intrigaba y confundía, esos ojos grandes y brillantes como si tuviera una galaxia, eran ojos claros, pero ni azules ni verdes, podía parecer cualquiera de los dos, pero no. ¿Eran grises? No lo sé, seguían pareciendo de un color diferente, quizás uno que nunca vi en mi vida, un color de otro mundo, un color tan bello que es imposible de explicar. Aunque lo mejor no era el color, sino su mirada en mí, me penetraba el alma.
Su piel era tan pálida que el rubor y las pecas eran imposibles de ignorar. Su nariz pequeña y en punta decorada con aquellos extraños puntillos que alguna vez odié y que ahora no podía dejar de verlos. Sus labios se curvaban en una sonrisa espléndida que me embriagaba de dulzura, derretía mi coraza y no podía evitar sonreír a la par.
Su cuerpo desnudo y delgado cubierto sólo por un enorme suéter con rayas negras y rojas, mis colores favoritos. Es como si se hubiera vestido para mí. Escondía sus delicadas manos bajo las grandes mangas, pero se asomaban con timidez para acariciarme.
Su dulzura era tal que no podía alejarme, me amaba y yo también. Nunca había sentido tanto amor del dulce en mi corazón. Parecía hecha de azúcar y que si me besaba tendría sabor a miel. Su inocencia me deleitaba al punto que no entendía como un ser tan puro y de apariencia frágil fuese quien me estuviera protegiendo.
Así se veía su reencarnación. Nunca supe si era chico o chica, esa iba a ser mi decisión. Nos íbamos a reencontrar a sus 15 años. Sin duda es uno de los sueños más hermosos que tuve. Tengo que darle un nombre... ¿Le quedará bien Miel?













