Presidente, “tenemos que hablar”
Nada más pensar en esa frase es espeluznante, porque me transporta a la escena en la que una pareja se sentencia un próximo fin. Esa frase es, casi siempre, el preludio de la catástrofe y me genera escalofríos, pues cada vez que se enuncia los colores de los rostros cambian y, si usted es como yo, se pregunta: ¿Ahora qué hice mal?
Eso es lo que los latinoamericanos estamos haciendo hoy, en varios lugares de la región. Los titulares dicen “Despertó” y acto seguido enuncian a uno u otro país, cualquiera que sea, porque hoy somos varios los que estamos despertando.
Entonces, como si se tratara del típico amigo o amiga del grupo que tiene una novia o novio que le oprime y controla, los periódicos y medios conjugan este verbo metafóricamente con cada uno de los países que parecen padecer del mismo síntoma: ‘el mal del amigo oprimido’.
Ese amigo que estaba como desaparecido por andar detrás de la falda de la novia, esa amiga que cambió hasta su forma de vestir porque su novio le dice que se guarde para él, esta amiga que ha cambiado desde que inició su relación y cada vez se parece más a su novia, o este man que ahora sale y hace cosas a las que en algún momento se negó rotundamente, pero como ahora las hace con él entonces es ‘diferente’.
Así sí, así de jodidos estábamos los latinoamericanos, quienes sufríamos ‘del mal del amigo oprimido’, pero de la misma forma somos firmes y decidimos cuidarnos entre nosotros como fraternidad. Somos firmes como los amigos a quienes se llama justo después del ‘tenemos que hablar’.
Tuvimos un mar de meses complicados en los que desde varios rincones de la América Latina se escucharon clamores de cambio. Empezó a vibrar el cono sur, la marea subió en Chile y Bolivia, países en los que pidieron nuevas constituciones, la cabeza del presidente y la renuncia de la sublevación al neoliberalismo como sistema económico predominante. La siguiente seguía corriendo y la marea creciendo, así que- antes de cruzar la oleada por el Canal de Panamá- las olas se detuvieron en Colombia para regalarle un protesta icónica.
Latinoamérica unida como un mar y nosotros, en Colombia, alfin no éramos la excepción. El pueblo le exigió al Gobierno y las peticiones están ya en un pliego enumeradas...sólo voy a advertir (por lo pronto) que son más de diez.
Los latinoamericanos los que estamos cansados de tener los síntomas del ‘amigo oprimido’, no queremos ser más del “baile de los que sobran”, no queremos tener más “lamentos bolivianos”, porque ustedes-queridos presidentes- sí saben de lo que “les estamos hablando, viejos”.
Hemos despertado y con la fuerza que es propia del pos “tenemos que hablar”. Nos encontramos en un escenario en el que las necesidades de los ciudadanos no están cubiertas, ante eso se pueden hacer tres peticiones genéricas.
Carta al señor presidente (cualquiera que sea)
Señor Presidente
Que verguenza sabelo mí nacional. A pesar que usted no entienda la fuerza y la importancia que tiene mi voto, yo sé que usted quizá no subió porque yo haya votado por usted, pero seguramente sabrá lo importante que es mí voz y caerá en la cuenta de lo mucho que valoro mi voz.
Quiero poder levantarme mañana con más tranquilidad, feliz de saber que el gobierno que “gobierna para todo” nos escuchó, porque hasta el momento ustedes han sido sordos por elección. Empezaron proponiendo bienestar y acabaron beneficiando a unos pocos; haciendo que sus ciudadanos fueran servidores del estado con la cantidad de impuestos que pagamos; ustedes Estado y gobierno que están para protegernos han hecho se su ciudadanía una víctima más.
Ahora que nos juntamos para hablar, que puedo decirle “Tenemos que hablar” usted tiene el descaro de voltearme la torta, de decirme que es mí culpa. ¡Descarado! Pero no pasa nada, porque ahora conozco a mi vecino el pijama, porque juntos hicimos cacerolazo; ahora sé que algunos de mi familia piensan como yo. Hoy reconozco en el otro ciudadano un aliado, y eso, señor presidente, no me lo va a poder quitar con noticias falsas, con impuestos ni con nada.
Ahora soy de un país que tiene ciudadanía despierta, que está dispuesta a organizarse y que se toma el proyecto país en serio.
A los presidentes latinoamericanos les tiemblan las piernas, uno de ellos ya renunció a su cargo, los otro dos reciben peticiones de renuncia muy a menudo, con cada vulgaridad que dice un connacional.
El gran triunfo de los últimos meses es el tener a una ciudadanía despierta, que está dispuesta a ser la que le dice al presidente: “Presidente, tenemos que hablar” y se toma en serio su rol. Estamos viviendo un momento de democracia crucial porque puede que haya un cambio en dirección al aumento de participación.
Lo que nos queda de este desorden (me refiero al texto que leen) es que (1) usted y yo vivimos hoy más democracia que nunca, no porque nuestros Estados o Gobiernos en su defecto se encarguen de ello; sino porque usted y yo decidimos vivir en democracia a pesar de nuestras diferencias. Por otro lado, una pregunta sobre la viabilidad de los ejercicios participativos de la democracia (2) ¿Ahora como hacemos tramitar las peticiones del pueblo? ¿Instituciones?, ¿Movilización? o ¿Enjambre?. Por último, y esto es material importante para mí (a futuro): (3) ¿qué hizo que usted llorara de felicidad y/o de tristeza durante los 10 días -que vamos- de Paro Nacional?















