Mis ojos, tus ojos, no son lo mismo, pero se miran los unos a los otros, nunca serán los mismos; pero siempre van a seguir encontrándose, de día o de noche, en café de media tarde o en la cerveza de la hora cero, en Puebla o en Rumania, en montaña o playa, es este año o en 16, en esta vida o las que vienen, cuando la última pirámide caiga o nos vayamos a vivir a Marte, cada vez lo intentaremos, cada día moriremos, cada temporada renaceremos, si morimos en un lento y breve absorber simultáneo de aliento, no nos dolerá, cada siglo nos escribiremos; siempre supe que lucirías diferente ¿recuerdas?
Te he escrito en las ruinas, he pintado murales para ti, en la guerra se quemaron las carta que te enviaba pero que aquí te volveré a escribir, hemos tomado tantas formas que por poco en esta casi no te reconozco, un día lo verás y sabrás que en efecto, antes también huí para encontrarte, voy saltando en el espacio tiempo, a veces muy pronto, a veces muy tarde, otras sin embargo corro suerte y llego justo a tiempo, como esta vez, voy y vengo cada vez más lejos, he peleado en guerras, he curado enfermos, he sido rebelde y judío asfixiado, he sido Mazón y Atlántico, fui exconvicto y maestro ascendido y sigo encontrando esos ojos y sigo volviendo sólo para verlos una vez más.
Lo lograremos como en otros tiempos logramos la caida del muro de Berlín, como salimos de Bagdad, te acuerdas de los misiles de la Habana o la puerta en Haya Marca, Perú...
El alma no se equivoca, en todos mis tiempos he aprendido cosas, la última fue a proteger, y no hay nada que requiera proteger más que esos ojos que me han seguido en cada vida, cada universo y cada reencarnación.
Tu frente, tu pecho, dos hombros y un beso.
nos vemos un 16, nuestro número es, recuérdalo.