Desayunar con Nietzsche es relativamente fácil, sobre todo si hace sol, la lluvia es fina —un ligero chaparrón traslúcido y oxigenado– o hay cigarrillos, buen café ninguna compañía salvo el perro y las periódicas noticias del gerente de mi banco no me impiden deglutir.
Eterno retorno | Roger Wolfe













