-¡Hey! ¿Dónde tenés la cabeza? -Acá, arriba del cuello ¿no ves? -¡Dah! ¿En que estás pensando? -En nada. -Seguro que en ella. -No… no estoy pensando en ella. -Sí lo estás. -Sí lo estoy. Y mucho, básicamente es lo único que hago. -No deberías. Ella no pensó en vos. No entiendo como podés seguir queriendo a alguien que no dudó en alejarse. -Es que aún no termino de entender los motivos. -Encima eso, ni siquiera fue clara. -Tengo necesidad de hablarle, necesito más respuestas. No puede haber terminado todo así ¿entendés? -No. Lo que necesitás es darle la espalda, como ella te la dio a vos. -Pero… -¡Pero nada! Siempre ella, ella, ella… Mirá como te trató ella ¿y yo qué? -¿Vos? -Sí, ¡yo! Siempre estuve al lado tuyo, y sin embargo no me prestás tanta atención como a ella. -Tenés razón. -Claro que tengo razón. Siempre tengo razón. -Jaja, perdón. -No tengo nada que perdonarte. Por un lado te entiendo. Siempre fue muy visible lo mucho que la querías. Quizás ella no lo pudo entender, tu cariño la superó. Pero ahora ya está, tenés que seguir adelante. -Sí, quizás. Pero no es fácil. Es una especie de duelo que necesito vivir. -Bueno. Entiendo. Espero que el duelo no se alargue. -Espero… Gracias. -¿Por? -Por estar… Siempre. -De nada, es un placer. -Sí, el placer es tuyo. -Jaja, idiota.
Duelo - Emiliano Medero.











