De Padres
a mis padres….
Todos tenemos algo que decir, criticar, o reclamar a nuestros padres.
Esos seres humanos casi perfectos, super héroes anónimos de cuando somos chicos.
Quien no se cayó y lloró llamando a mamá, solo para que te sople la herida y sane más rápido.
¿Cuántos de nosotros corríamos más “fuerte” si papa nos veía?
Cuando somos niños todo es ideal, porque no hay nada más puro que ver la vida con los ojos de un niño.
Cuando crecemos inevitablemente, y para poder ser adultos, debemos separarnos de ellos. ¿Y cómo separarnos de las personas que nos hacen sentir seguros y amados?
Enojándote con ellos! Ya es una tontera llamar a mama si algo te duele, los consejos de ella tales como “hija cuídate”, obtienen respuestas como: “Ay ma! ¡¡Ya se!!”
Ya no querés que papá te vea correr, ahora querés correr más rápido que él.
Ya papá y mamá no saben nada, no los querés escuchar, querés vivir, querés tu experiencia propia de vida.
Y eso es lo que es para poder crecer.
Nos caemos, y ellos están ahí, nos levantamos y ahí siguen, en silencio, viendo, a veces sufriendo, como vivís tu vida, tratando de formar parte de unos pocos instantes de ella.
Y entonces en ocasiones cuando las cosas no salen como vos querés, te enojas, maldecís tu vida, tu historia, a ellos “por hacerte así”, por lo que te faltó o lo que te sobró.
Porque después de todo “ yo no pedí nacer!” , escribir esto ahora me saco una sonrisa, porque yo solía ser esa, desperdiciando mi vida haciendo una lista de lo que me faltaba a diario.
Hasta que me di cuenta que si pedí nacer y sí elegí estos padres, por qué? Eso es parte de otra historia, que otro día escribiré, solo se que sucedió tal y como debería para que yo hoy fuera quien soy.
A medida que pasan los años ves cada vez mas cosas de ellos en vos, y en mi caso eso que veo me hace mejorar y encaminarme a mi mejor versión.
El mejor ejercicio que comencé a hacer en este camino de descubrimiento, fue ponerme en el lugar del otro.
Solía vivir enojada, esperando del otro lo que nunca me daría, sí nunca.
Primero porque no lo decía y luego porque el otro no sos vos.
Me enredaba en pensamientos de como los demás deberían amarme, porque yo me lo merecía, yo amaba así. Y una vez me escuche, “YO amo así”, y ahí me di cuenta el amor no es una cosa que podemos transaccionar o cuantificar.
Amás o no, y lo haces como te sale.
El primer encontronazo con esta realidad me paso en mi primera relación, en esa en la que aun creemos en el amor puro y eterno.
Me llevo 20 años salir de la discusión de si me amaba o no.
20 años luchando por tener razón, hoy me parece tan absurdo que duele.
Lo cierto es que tal vez si me amaba, solo que no lo hacía como yo necesitaba, quería o esperaba. Y fue muy doloroso darme cuenta de esta cruda verdad, A MI no me sirve tu forma de amarme, esa era la verdad.
Solo cuando lo acepte y acepte el hecho de que en una relación no hay culpables, solo personas que sufren, intentando, ambas ser felices, pude soltar.
Quién quiere ser el malo de la historia? A nadie le gusta.
Bueno tu historia la sabes solo vos y eso es lo que importa, vos viviste esa vida, nadie más y no le debes nada a nadie y menos explicaciones.
Al final, ser adulto no era tan fácil… y ahí empecé a ver mis errores, me concentré en ellos, en mis defectos, y en honor a la verdad, seguía además, echando culpas.
Hice terapia, lei, hablé, busqué… creci
Y acepté la triste realidad que me había equivocado, había cometido el peor de mis errores, y no fue casarme, fue no amarme a mi primero más que a nadie.
Quise ser la mejor, quise hacer todo bien, quise que estuvieran orgullosos de mí, y me olvide de mí.
Y entonces volvía a echar culpas, a enojarme con mamá y papá por hacerme así.
Porque si yo hubiera tenido otra vida, seguro hubiera sido más valiente, más segura, más… la lista era interminable y ridícula.
Lo cierto querida mía, me dije un día, es que tenemos que aceptar el hecho que nadie nos obligó o pidió nada. Asumiste… asumiste que eso era lo que tus padres querían, y de todas maneras si así lo fuera, tu vida, quien la vivía?
Entonces un buen dia decidí vivir mi vida siendo absolutamente responsable de todas mis decisiones, lo decrete y dije: “ a partir de hoy lo que pase solo será mi responsabilidad y la de nadie más”.
Primero me divorcie, del que alguna vez supo ser mi mejor amigo, después me fui, lejos de mi familia y amigos. Y entonces sucedió la magia de vivir sintiéndome dueña de mi propia vida.
Tenía amigas, salidas, risas, compañeras de vida que me enseñaron que la vida es esto que nos pasa ahora. De nada sirve verla como si fuera una película ajena a ella, culpado a otros por tus decisiones.
Comencé a reírme, de mí, de mi historia, de mis errores, comencé a amarme de verdad y solo cuando esto ocurrió, mi corazón volvió a sanar y estaba listo para amar.
Por que me aleje? No lo hice porque estaba enojada, lo hice porque por primera vez quería hacer lo que me salía, quería ser yo, sabiendo que ya nadie había para culpar.
Y entonces me invadió otro pensamiento, que bueno sería que la gente se amara a sí misma más de lo que esperan que lo hagan los demás.
Empecé a ver a mis padres con otros ojos, empecé a ver como se preocupaban por mí, en silencio. Comencé a hablar con ellos, quería saber que pensaban, nunca los había escuchado realmente, al menos no como adulta.
Me vi mas parecida de lo que admitía, una mezcla perfecta de ambos, o como me gusta decir una versión 2.0
Y entonces quise saber de su pasado, su infancia, sus historias, era tan fácil ahora “verlos “ de verdad.
Me invadían pensamientos como ojalá hubiera estado ahí para ayudarte, acompañarte, no era tan fácil ser padre después de todo.
Hoy adulta, libre y responsable absoluta de mi vida, lo único que deseo para mis padres es Felicidad y Paz.
Criaron una mujer que aprendió, a los golpes, pero aprendió que a la vida se la vive, y como dicen por ahí, no es para cobardes.
Hoy lo único que tengo para decirles, es Gracias!
por Marie Villa












